Hace unas semanas, hubo un día en Missouri tan espléndido que era casi imposible quedarse adentro de la casa. El clima era cálido, los cielos estaban despejados y la vida floreciente anunciaba la llegada de la primavera, incluso antes de que los árboles tuvieran hojas.

Fue fácil en ese momento pensar que el frío del invierno había pasado y que la primavera había llegado para quedarse. Pero no fue así. No había pasado ni una semana cuando las temperaturas bajaron precipitadamente y el invierno rugió con una tormenta de nieve repentina. Fue intensa pero duró poco. La nieve se derritió en un par de días, y las temperaturas más cálidas iban a la par de los días más largos de primavera.

Liberando… una y otra vez

Estas fluctuaciones en el clima me mostraron algo importante sobre la Cuaresma y sobre la vida espiritual en general.

Puede ser tentador pensar que el crecimiento espiritual debe ser lineal. Muchos de nosotros comenzamos evaluando dónde estamos en el camino espiritual y cómo queremos crecer. Podemos visualizar dónde queremos estar a medida que avanzamos, utilizando las prácticas como orar, perdonar, visualizar y dar gracias para llegar allí.

Suena simple, ¿cierto? Entonces, cuando tropezamos, cayendo en viejos patrones de pensamientos y comportamientos, puede ser fácil pensar: "Oye, tal vez este sendero espiritual no es tan bueno como parece". O, peor aún, podemos castigarnos con pensamientos como: "Tal vez lo estoy haciendo mal" o "Esto puede funcionarle a otras personas, pero no a mí".

Cuando esto sucede, puede ser útil recordar el comienzo de la primavera. El hecho de que una ola de frío o una tormenta sorpresiva puedan significar una vuelta temporal al invierno no significa que el invierno haya superado a la primavera. La primavera sigue llegando, aunque la nieve cubra el suelo y el aire frío erice la piel.

Así como la nieve se derrite rápidamente a medida que los días se hacen más largos y las temperaturas suben, los retrocesos espirituales se vuelven cada vez menos frecuentes y de menor duración cuando nos comprometemos con una nueva forma de vida.

Del mismo modo, cuando te encuentres reaccionando exageradamente o en un enredo temporal de resentimiento o falta de perdón, o abrumado por la preocupación, eso no significa que no estés creciendo espiritualmente. De hecho, ser capaz de reconocer esas reacciones puede ser un indicador de cuánto has crecido. Es importante ser benévolo contigo mismo y no dejar que un contratiempo temporal descarrile tus esfuerzos.

Así como la nieve se derrite rápidamente a medida que los días se hacen más largos y las temperaturas suben, los retrocesos espirituales se vuelven cada vez menos frecuentes y de menor duración cuando nos comprometemos con una nueva forma de vida. La clave es no ver un paso atrás como un fracaso.

Renovando… una y otra vez

El invierno conduce a la primavera, pero eso no significa que cada día será más cálido que el anterior. La Cuaresma conduce a la Pascua, pero eso no significa que la decisión de abandonar viejos hábitos siempre será fácil o estará libre de frustraciones.

Durante los puntos bajos del viaje espiritual, es importante recordar que la decisión de vivir una vida espiritual y comprometerse con el crecimiento propio nos cambiará para bien. Los momentos difíciles de la vida, desde declives y molestias hasta disturbios y tragedias, nos visitan a todos en algún momento. Pero con el tiempo, la práctica y la paciencia, afrontamos esos desafíos conscientes de que tenemos el poder de capear las tormentas de la vida, con fe en que el sol traspasará incluso las nubes más oscuras.

Acerca del autor

La reverenda Teresa Burton es ministra ordenada de Unity y maestra licenciada de Unity. Burton, es una oradora dinámica e instructora creativa, hace que las enseñanzas de Unity sean fáciles de entender y divertidas de aprender. Antes de responder al llamado al ministerio, trabajó como editora durante más de 25 años en varios puestos en publicaciones impresas y digitales.

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