Hoy me imagino sentada junto a Jesús y mirándolo a los ojos. Le pregunto: “Maestro, ¿cómo puedo perdonar?” Después de un momento, con una sonrisa amorosa, me responde:

“No es algo que tengas que hacer por ti misma. Puedes hacerlo de la manera que te enseñé. ¿Recuerdas mi oración: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen?”

Esas palabras resuenan con fuerza en mi corazón, recordándome que el perdón verdadero y auténtico solo puede ser alcanzado por la divinidad, por el Espíritu que habita en cada ser.

Ese es el perdón que auténticamente nos sana y nos libera, y ese es el perdón que Jesús nos enseña.

Este tiempo de Cuaresma es un tiempo de reflexión que nos invita a ir dentro de nosotros mismos, y allí, en el silencio de nuestra alma, comulgar con la Fuente de todo bien, la Fuente de la vida, la luz y el amor.

Esa Fuente omnipotente siempre está ahí, lista para transformar todo dolor y sufrimiento en amor puro.

Independientemente de la situación que nos perturbe, o de la persona por la que sentimos menos que amor, pidamos al Cristo en nosotros que perdone.

Seguir el ejemplo de Cristo

Jesús nos ha dejado una enseñanza profunda y sabia cuando, con su ejemplo, nos muestra que solo Dios, la divinidad que habita en cada uno de nosotros, puede realmente perdonar. Y esto es así porque el Espíritu que habita en nosotros solo percibe lo divino en cada ser, solo ve la verdad, la luz y el amor, que son nuestra verdadera naturaleza.

Somos divinos en esencia; somos espíritu puro en todo su potencial. Por lo tanto, frente a situaciones de la vida que nos causan sufrimiento, dolor o culpa, dejemos que el Espíritu haga su obra sanadora a través de nosotros.

Sigamos el ejemplo de humildad, fortaleza y valor que demostró Jesús. Aceptemos que para perdonar verdaderamente necesitamos la ayuda divina y tengamos la fortaleza y el valor para pedírselos al Espíritu que mora en nosotros.

Independientemente de la situación que nos perturbe, o de la persona por la que sentimos menos que amor, pidamos al Cristo en nosotros que perdone.

Si podemos mantenernos firmes en esta actitud, afirmando con fe que es la divinidad en nosotros la que perdona, incluso en esos momentos cuando nos invade la ira, la frustración, la tristeza, el miedo o cualquier emoción que un recuerdo evoque en nosotros, sabremos que el perdón ya se ha establecido, en lo profundo de nuestro ser, y que la paz surge en nuestra alma.

Acerca del autor

Rev. Beatriz Gallerano Bell y su esposo Frank tienen un ministerio en Córdoba, Argentina, llamado Unity Sembrando Luz, también están a cargo de la distribución de La Palabra Diaria® en Argentina. Este artículo es parte del folleto de Liberación y renovación: Una práctica espiritual para la Cuaresma 2022.

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