Yo soy una «porción de Dios hecha manifiesta». 

Este fragmento de una cita de la escritora de Unity, H. Emilie Cady, ha sido una fuente de alegría y fortaleza para mí durante muchos años. Sin embargo, durante gran parte de mi vida, la idea de que yo pudiera ser parte de algo divino me resultaba ajena.

Crecí en el sur de los Estados Unidos como una persona homosexual y llegué a la adultez en la década de los 70, inmerso en la teología del pecado, la caída y la redención del cristianismo tradicional. Mi primera experiencia en el seminario fue desgarradora, marcada por el autodesprecio, la vergüenza y la culpa. Eventualmente, mi fe se quebró en mil pedazos, arrasada por una ola abrumadora de ira y oscuridad. Si Dios no podía amarme tal como fui creado, entonces para mí no existía Dios. 

Permanecí en el clóset hasta mis veintitantos años y, cuando finalmente salí, lo hice con desenfreno, apartando la religión de mi vida y sin mirar atrás. Mi vida se centró en el trabajo y en la noche: bailar, beber, consumir drogas. Encontré mi valor en el desempeño laboral y recurrí a la autocompasión para evadir cualquier emoción dolorosa. Durante dos décadas, esta montaña rusa pareció sostenerse, con algunos descarrilamientos ocasionales. 

En 1999, toqué fondo. Me encontré sin hogar en la ciudad de New York, atrapado en la adicción y sin un rumbo claro. Una madrugada, sentado en una banca de parque, un pensamiento cruzó mi mente: Debe haber algo más que esto

Sabía que, si quería vivir, debía aferrarme a algo y hacer cambios profundos. Me mudé a Florida, donde mi hermano menor y su familia me acogieron. Fueron dos años de lucha en soledad, reconstruyéndome después de años de autodestrucción, limpiándome y tratando de encontrar un nuevo camino. 

Fue en 2001 cuando, por primera vez, visité una iglesia Unity: Unity of Panama City, Florida. Me quedé atónito, abrumado por el amor, la aceptación y la alegría que encontré allí. Pude sentirlo de inmediato, estaba en la energía del lugar, en las personas, en el mensaje del ministro. Dios es Bueno. Tu esencia proviene de Dios, por lo tanto, eres inherentemente bueno. No eres un ser caído, pecador o roto, sino una expresión de Dios hecha manifiesta.  

Comencé a estudiar las enseñanzas de Unity y del Nuevo Pensamiento. Con entusiasmo, me uní al coro, me convertí en capellán y, poco después, formé parte de la junta directiva de esta comunidad espiritual. 

Años después, como ministro ordenado de Unity y vicepresidente del ministerio de Alcance y Participación en Unity Village, comparto cada día el mismo mensaje que escuché aquel primer domingo: Una Presencia, Un Poder, Dios el Bueno… y tú eres una porción de Dios hecha manifiesta. 

Es un mensaje que el mundo necesita escuchar con urgencia y que sigo estudiando y esforzándome por encarnar: Yo soy una porción de Dios hecha manifiesta

Mi «por qué» es, en realidad, bastante sencillo. Unity me brindó las herramientas y enseñanzas para liberarme de un ciclo prolongado de adicción y autodesprecio. A través de la meditación, las afirmaciones y negaciones, y el poder de la oración afirmativa, encontré la fuerza para hacer mi propio trabajo interior. 

Mi iglesia Unity me brindó un entorno vibrante de amor, inclusión y posibilidades en el que pude sanar. Hoy, deseo ser parte de esa misma transformación para otros, para quienes buscan y anhelan ese mismo amor y ese mismo mensaje. Mi trabajo en Unity no es simplemente un empleo: es mi vocación, un llamado a elevar mi espíritu en servicio al mundo. Ese es mi «por qué». 


Acerca del autor

El Rev. Mark Fuss es vicepresidente de Alcance y Participación en la Sede Mundial de Unity, ubicada en Unity Village, Missouri.


Mark Fuss
Mapa para experimentar la Verdad por Rev. Luzette Rivera-Diez
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