Confía en el orden divino
Cuando la vida parece sumirse en el caos, puedes confiar en la ley del Universo.
«Todo está en orden divino». A menudo pronuncio estas palabras y, al hacerlo, me doy cuenta de que pueden sonar como una fórmula superficial si no me conecto con la profundidad de su verdad.
Te invito a renovar mente y corazón para abrazar el verdadero significado de afirmar, creer y experimentar que «todo está en orden divino». El orden es una ley universal.
Existe un orden divino y perfecto en toda expresión de vida.
La ley del orden y la armonía divinas se expresa en mí, y me reconozco como una torre de fortaleza espiritual y estabilidad
Para mí, confiar en el orden divino significa orar con sinceridad, preguntar cuál es mi papel en el proceso y abrirme con fe para permitir que se despliegue. Suelo concluir mis oraciones con estas palabras: «Dejo ir, sabiendo que ya es así, y con gratitud, así es». Soltar y confiar es uno de los aspectos más transformadores de la oración.
Jamás desenterraríamos una semilla recién sembrada solo para comprobar si ha comenzado a echar raíces. La oración es esa semilla que depositamos, y el orden divino es la fuerza invisible que guía su crecimiento.
Al detenerme a contemplar el fluir natural de la vida que me rodea, reconozco cuán esencial es confiar en el orden divino. Una sola presencia y un solo poder actúan en nosotros y a través de nosotros, guiando todo en perfecto orden y armonía.
«La ley del orden y la armonía divinas se expresa en mí, y me reconozco como una torre de fortaleza espiritual y estabilidad».
Cora Fillmore, Cristo entronizado en el hombre (Unity Books, 1937)
Una sola Presencia y un solo Poder
¿Puedes recordar alguna ocasión en la que intentaste «desenterrar la semilla» de tus oraciones en lugar de permitir que el proceso de manifestación siguiera su curso? Yo, sin duda, sí.
Debo admitir que, en ocasiones, soy una persona impaciente. Siento una urgencia constante... en otras palabras, ¡me gusta ver resultados!
Lo paradójico es que mis estaciones favoritas son el otoño y el invierno. Las cuales son épocas en las que, exteriormente, pareciera que nada crece ni cambia, y sin embargo, en lo profundo, todo está rebosante de vida en preparación para la primavera.
Al detenerme a contemplar el fluir natural de la vida que me rodea, reconozco cuán esencial es confiar en el orden divino. Una sola presencia y un solo poder actúan en nosotros y a través de nosotros, guiando todo en perfecto orden y armonía.
Confía y reconoce que esta verdad también se manifiesta en tu vida.
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