Hace poco conversaba con alguien cercano sobre lo que comúnmente se denomina «la crisis de la mediana edad». Ese momento en el que te detienes a reflexionar sobre tu trayectoria y te preguntas si deseas seguir por el mismo camino o aventurarte, a mitad de la vida, en una nueva experiencia hacia lo desconocido.

La mayoría de nosotros no somos muy receptivos al cambio. Creamos una idea de cómo deberían ser las cosas para sentirnos seguros, no necesariamente para ser felices, sino para mantenernos en una zona de confort. Resistimos el cambio por miedo a lo desconocido.

Hijos de la Divinidad

Vamos por la vida sin ser conscientes del bienestar absoluto que nos pertenece por el hecho de ser hijos de lo Divino. Los cambios llegan como oportunidades para crecer más allá de nuestros propios límites. Intentar mantener todo bajo control nos impide explorar nuevas posibilidades.

Hay momentos en los que la vida cambia de forma abrupta. En otros casos, el cambio se produce de manera gradual, casi sin que nos demos cuenta. También hay ocasiones en las que sentimos que la vida nos llama e invita a realizar un cambio, pero a menudo lo ignoramos.

Olvidamos que nada ocurre fuera de nosotros sin nuestra participación. Nuestros pensamientos siempre están creando, ya sea que seamos conscientes de esta realidad o no. Por lo tanto, cuando el cambio se presenta, es algo que, de manera consciente o inconsciente, hemos atraído.

No podemos ignorar que estamos en búsqueda de nuestro bien mayor. Sin embargo, a menudo perdemos de vista que el Bien Absoluto siempre está presente y disponible; solo requiere que ejerzamos nuestro libre albedrío para elegirlo. En lugar de ver un cambio como un desafío, deberíamos considerarlo una invitación a nuevas oportunidades.

Es esencial preguntarnos si el cambio nos está guiando hacia el bien que siempre está presente. He aprendido que en esta experiencia de vida, lo único que realmente vivimos es la presencia divina y el cambio.

Guía y respuestas

Unity considera la Biblia como la historia de la evolución espiritual del ser. A través de la interpretación metafísica de sus relatos, encontramos orientación y respuestas. El legado de Charles Fillmore, con su perspectiva metafísica, nos permite establecer una conexión muy personal con la Biblia.

A veces, al igual que Moisés y los israelitas, tenemos la oportunidad de avanzar hacia nuevas posibilidades, pero el miedo a lo desconocido puede paralizarnos. Moisés simboliza la parte de nuestra conciencia que nos impulsa a dejar atrás lo viejo y aceptar el cambio como una invitación divina a crecer.

Cuando enfrentamos el cambio, podemos optar por rechazarlo y quedarnos en nuestra zona de confort, como hicieron Moisés y los israelitas durante 40 años en el desierto, ejerciendo nuestro libre albedrío. También podemos elegir avanzar, como lo hicieron Caleb y Josué, quienes, junto con los niños, entraron a la tierra prometida.

Abrazar el cambio requiere fe, entusiasmo e inocencia, cualidades de la comprensión espiritual. Al percibir el cambio como un reflejo del deseo del alma de progresar, se facilita aceptarlo. El cambio nos recuerda que estamos vivos; resistirlo demuestra una falta de confianza en la presencia divina y aumenta nuestra oposición.

Recuerda que nada sucede en nuestras vidas sin un propósito. Puede que no sea evidente al principio, pero estar dispuesto a explorar y descubrir, sabiendo que todo se confabula para nuestro mayor bien, ya es un buen comienzo.

Finalmente, reconoce que el cambio es vida, movimiento y creación. Acéptalo como una promesa de un bien mayor. Abre tu mente y corazón para crecer y expandirte, y avanza con confianza, sabiendo que Dios está contigo y todo está bien.


Acerca del autor

La Rev. Luzette Rivera-Diez es una ministra que participa activamente en la capacitación y acreditación de los ministros de Unity en español a tiempo parcial.


Rev. Luzette Rivera Diez

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