El amor de Dios es como el sol

Atesoro con profundo cariño mis días en la Escuela Dominical, cuando cantábamos: «Jesus’ love is bubbling over…(El amor de Jesús rebosa…)». De niña, la entonaba con entusiasmo, aun sin comprender del todo su significado ni por qué ese amor «rebosaba» de esa manera. Había gozo en mi voz, pero el sentido profundo de aquellas palabras todavía no se revelaba ante mí.

No fue sino hasta la preparatoria, durante una clase de Juventud Unity, cuando todo empezó a cobrar sentido. Un día, mi maestra nos dijo que el amor de Dios es como el sol. En ese instante, algo se iluminó en mi interior. El sol no hace esfuerzo alguno por brillar; su luz y su calor fluyen porque esa es su esencia. Entonces comprendí que quizá por eso el amor «rebosa». Como el calor del sol, el amor de Dios es poderoso, abundante y pleno que no puede quedar contenido.

Aun en los días nublados, la luz y el calor del sol siguen presentes. De la misma manera, aunque no siempre percibamos el amor de Dios, sí podemos sentirlo: en los momentos felices, en los instantes de quietud y también en algo tan sencillo como un abrazo cálido. El amor de Dios no viaja desde lejos para alcanzarnos; ya mora en nuestro interior. Vive en nuestro corazón, en nuestra sonrisa, en nuestros pensamientos bondadosos y en cada decisión amorosa que tomamos. Por eso, dondequiera que estemos, ese amor nos envuelve.

Una manera en que los niños pueden empezar a reconocer el amor de Dios es prestar atención a los momentos llenos de amor de su vida: quizá un amigo que comparte un juguete, una mamá o un papá que los arropa antes de dormir, o una palabra suave cuando sienten tristeza. Cada gesto es un destello del amor divino brillando en el mundo. Y cuanto más abrimos el corazón para reconocer el amor en nosotros y en los demás, más recordamos que el amor de Dios nunca está lejos ni es difícil de encontrar. Está aquí mismo: sereno, constante y siempre presente.

Y cuando necesiten recordarlo, basta con cerrar los ojos, colocar las manos sobre el corazón y afirmar suavemente cada mañana: El amor de Dios resplandece en mí, a mi alrededor y a través de mí.

Oración por el amor de Dios en todos los niños

Hacemos una pausa y respiramos, sintiéndonos en calma, protegidos y envueltos en amor divino. Reconocemos que la presencia de Dios está aquí mismo, acompañando y amando a cada niño, cerca o lejos, grande o pequeño, radiante de alegría o aprendiendo a crecer. Reconocemos que el amor de Dios vive en el corazón de cada uno, brillando con más fuerza que cualquier preocupación o temor. Ese amor es su valentía, su consuelo y su alegría. Damos gracias al recordar que cada niño es, para siempre, un amado hijo de Dios.

Oración familiar sobre el amor de Dios

Damos gracias por el don del amor, ese amor que nos sostiene, nos eleva y crece en nuestro corazón. Ayúdanos a reconocer el amor de Dios unos en otros: en cada risa, en cada palabra amable y en cada mano dispuesta a ayudar. Que nuestro hogar se llene de paciencia serena, corazones gozosos y palabras que inspiren y alienten. Recuérdanos compartir el amor con generosidad con amistades, vecinos y con cada persona que encontramos en el camino. En este instante y siempre, abrimos el corazón a la presencia sagrada que mora en nuestro interior y nos rodea.

Juntos afirmamos:

Todos los niños son bienvenidos a orar con los asociados del Ministerio de Oración de Unity.

Para oración, llamar al:
1-816-969-2020

Internacionales
01-816-969-2020

Envía tus solicitudes de oración a:

Ministerio de Oración de Unity
1901 NW Blue Parkway
Unity Village, MO 64065

Versiones en español


Acerca del autor

La Dra. Araceli Marchan se ha desempeñado como directora de jóvenes en Unity Center for Holistic Living en Trinidad y Tobago durante más de 10 años. Ha pasado la mayor parte de su vida empoderando a los niños de todo el mundo como educadora, motivadora y fundadora de ICLP Tutor.


Araceli Marchan

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