El mes pasado, se me presentó un dolor de cuello tan intenso que no podía girar la cabeza ni acostarme cómodamente en ninguna posición para dormir. Los analgésicos no ayudaron y tampoco el aplicar calor, hielo o los masajes.

En cuestión de horas, el dolor se había apoderado de mi vida. No podía dormir ni trabajar. Incluso dolía al comer y beber. Gritaba al moverme o cuando tenía que toser o estornudar.

Mi médico ordenó una radiografía, me recetó algo para el dolor y me sugirió que viera a un ortopedista para recibir tratamiento adicional. Me consternó saber que tendría que esperar un mes entero para una cita, ya que era un paciente nuevo. Le expliqué mi caso a la recepcionista. “No puedo vivir con este dolor por un mes”. Se disculpó, dijo que entendía mi frustración y no ofreció ningún consejo útil.

Mi siguiente parada fue el centro local de atención de urgencias ortopédicas. Estaba esperanzada cuando me acerqué al mostrador de recepción y me percaté de las pocas personas en la sala de espera. Pero mi optimismo se vio frustrado por la recepcionista tan indiferente, quien me rechazó diciendo: “No tenemos a nadie aquí que pueda hacer cuellos”. Ella realmente dijo eso. Hacer cuellos.

Estaba estupefacta. Le pregunté qué debía hacer. Ella sugirió sin ganas que probara yendo con un ortopedista cercano.

Estaba desesperada por curarme y me sentía frustrada creyendo que había hecho mi parte para lograrlo. Vi a mi médico y seguí sus instrucciones. Recibí curación de energía y oré con el Ministerio de Oración de Unity. Hice lo que se suponía que debía hacer y tomé todo lo que se suponía que debía tomar.

Aun así, el dolor me mantuvo casi incapacitada.

Nunca estamos incompletos realmente, pero puede ser fácil olvidarlo durante los momentos de incomodidad y enfermedad.

Una comprensión más profunda de la curación

Esta experiencia me llevó a expandir mi comprensión de cooperación con mi curación y de cómo ayudar a lograrla. Cooperar con la curación no es solo un llamado a la aceptación y a la observancia. La respuesta que obtuve fue inadecuada y me impulsó a buscar una mejor ayuda.

Encontré otro centro de urgencias ortopédicas en otra ciudad. La diferencia era de la noche al día. La gente allí fue receptiva, cálida y eficiente. Expresaron empatía ante mi dolor. Me explicaron el motivo de sus diagnósticos y me dijeron el por qué estaban tomando las decisiones que tomaron. Salí de allí con un plan de tratamiento, nuevos medicamentos y una orden para comenzar la fisioterapia lo antes posible. Su cuidado y experiencia me ayudaron a sentir que yo importaba. Cuando salí de allí, todavía me dolía el cuello, pero me sentí curada.

Mi progreso desde entonces ha sido lento pero constante. Estoy agradecida de que mi dolor haya disminuido a medida que mi movilidad ha mejorado. Mi curación ha implicado más que controlar el dolor y tratar los síntomas. El regalo de esta situación es hacerme responsable de mi tratamiento y cuidarme a mí misma.

Las raíces metafísicas de la curación

Unity entiende la curación como la realización de la plenitud, que es un aspecto de nuestra identidad divina. Nunca estamos incompletos realmente, pero puede ser fácil olvidarlo durante los momentos de incomodidad y enfermedad. El trabajo interno que hacemos en la conciencia—como orar y decir afirmaciones—puede contribuir en gran medida a restaurarnos a una conciencia de plenitud. Las acciones externas que tomamos para cuidar de nosotros mismos, para mantener la salud o recuperarla, también son parte integral de la curación.

Cooperar con la curación y volverse consciente de la plenitud, significa estar de acuerdo con los pensamientos y acciones que afirman la salud y usar los dones divinos de dominio y sabiduría para decir no a lo que no funciona, y encontrar a las personas que se preocupan por tu bienestar y recuperación, tanto como tú lo haces.

Sin importar cuál sea el desafío de curación, recuerda, como un ser divino, estás destinado a vivir en plenitud. Y parte de aceptar la plenitud, es que nunca te conformes con nada menos.

Acerca del autor

La reverenda Teresa Burton es ministra ordenada de Unity y maestra licenciada de Unity. Burton, es una oradora dinámica e instructora creativa, hace que las enseñanzas de Unity sean fáciles de entender y divertidas de aprender. Antes de responder al llamado al ministerio, trabajó como editora durante más de 25 años en varios puestos en publicaciones impresas y digitales.

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