No sé cuál era tu estado cuando llegaste por primera vez al mundo de la recuperación, pero si eras como yo, no encajabas en ninguna parte.

Al igual que muchos de nosotros, mi niñez no fue fácil. Un maestro de gimnasia, un pariente, personas extrañas que eran violentas aquí y allá, así como la oscuridad de la adicción y la indigencia todos hicieron suficiente daño como para asegurarse de que yo me aprendiera muy bien el mantra de “eres gordo, feo y tonto”. ¿No es así?

Lo aprendí tan bien que para cuando tenía 25 años y veía cualquier cosa que me recordaba las cosas que faltaban en mi vida, sabía que se debía a que yo realmente era gordo, feo y tonto. Yo nunca sería suficiente. Esta “isla” era un lugar al que iban todos los humanos rotos a que nos recordaran nuestro eterno quebrantamiento.

Cuando llegué a estar finalmente derrotado y llegué a mi primera reunión de recuperación, escuché solo una cosa: “Bienvenido a casa”. Por supuesto, yo no le creí a nadie. ¿Cómo estas personas extrañas podían darle la bienvenida a una persona como yo? Me senté con el resto del círculo y escuché. Alguien me dio un panfleto de literatura y tuve mi primer vistazo a un camino de vida.

Incluso en mis tiempos más oscuros de adicción, en cada momento en el que me cerré la puerta a mí mismo por dentro, tratando de matar algunas partes de mí, mi Yo Verdadero siempre estuvo vivo.

No pude comprender todo lo que aquello significaba, pero lo leí y comencé a sentir ira. ¡Yo no necesitaba que nadie me dijera a mí lo que era un defecto de carácter! Yo era un enorme defecto que caminaba. ¡Había estado toda una vida catalogando lo que estaba mal conmigo!

Entonces leí la parte sobre pedirle a Dios que se lo llevara todo. ¿En serio? ¡¿Realmente creen que jamás he intentado eso?! Todos los días de mi vida le pedía a Dios que me hiciera no ser yo mismo. No recordaba ningún momento en el que no pensara que yo no era digno o que mi existencia era algo erróneo.

Y ciertamente, no necesitaba que me dijeran que me disculpara. Durante años había estado pidiendo perdón por todo, incluyendo mi propia existencia. Aún así, me quedaba en las reuniones, sabiendo dentro de mí que era esto o la muerte.

¿Es el ego el problema?

Comencé a trabajar los pasos de recuperación y comencé a escuchar advertencias acerca de mi ego. Cosas como: Debo temerle a mi ego, no le escuches, o es mi ego mi “mejor manera de pensar”, la cual había hecho de mi vida el desastre en el que se había convertido. El ego era la causa de mis defectos de carácter y la raíz aparente de mi inhabilidad para ser una persona “normal” en la sociedad.

Tenía mucho sentido. Está claro que yo no había tomado decisiones saludables para mí mismo y mi forma de pensar estaba distorsionada. Es exactamente quien soy como adicto. A través de los 12 pasos aprendería a hacer las paces con éste adverso compañero de vida —mi ego—, aunque siempre estaría conmigo.

Luego descubrí el movimiento espiritual Unity y cuando asistí a mi primer servicio religioso, escuché al ministro decir algo asombroso: Cada uno de nosotros —y no solo Jesús— fue creado a imagen y semejanza de Dios. Yo pensé, ¡SANTO CIELO! ¿En serio? ¿Acaso éste señor sabe lo que está diciendo? ¿En la imagen y semejanza de Dios, en serio? ¡Debe estar loco porque no puede estar refiriéndose a mí! Digo, en serio, ¡mírenme!

Me fui del servicio y luché con esta idea durante un tiempo. Me carcomía el alma, como un agente corrosivo mordisqueando en mi cerebro, comiéndose la creencia que yo tenía acerca de mí y de mi ego. Estaba seriamente confundido y atemorizado, mi recuperación parecía haber sido amenazada. ¿Cómo podía yo ser divino en mi naturaleza? Uno no puede ser divino y una persona adicta al mismo tiempo, ¿verdad? Algo andaba muy mal.

Aun siendo una persona en recuperación muy obediente, fui donde mi mentor para pedir guía. Irónicamente, fue él quien me llevó a mi primer servicio de Unity. Durante 26 años, he estado practicando lo que él me enseñó, y a continuación ofrezco mi propio entendimiento de ello.

El Yo Verdadero y el Yo Único

Lo que hasta ahora había comprendido como mi ego era realmente mi ego adverso o mi ego inmaduro. El hecho es que necesito un ego para existir en este mundo, así que no debo ahuyentarlo. Quiero continuar haciendo mi trabajo interior para poder sanar y tener un ego saludable.

Al mismo tiempo, hay otro aspecto de mi ser, mi divinidad.

Piensa en ello de esta manera: Lo que conocemos como el Ser Divino en nuestro interior es nuestro Verdadero Ser. Es el lugar en el que yace nuestro más grande potencial, naturaleza de Cristo o plenitud. Es aquello que soy, eterno e inmutable. Incluso en mis tiempos más oscuros de adicción, en cada momento en el que me cerré la puerta a mí mismo por dentro, tratando de matar algunas partes de mí, mi Yo Verdadero siempre estuvo vivo.

También está el Yo Único. Éste es el “yo” que es inmutable, la expresión de mi personalidad, quien soy, mi humanidad. Al andar este camino con Dios, conmigo mismo y con otro ser humano, he hecho que mi ego madure y he aprendido a acoger todo lo que soy para que mi Yo Único ya no exprese más las heridas del pasado, mis defectos de carácter, que son el ego adverso. He aprendido a amar y a servir al mundo.

No tengo que escoger entre mi naturaleza divina y mi ego, sólo tengo que aprender como tener los pies en la tierra y en mi Yo Verdadero, para que Dios, el Espíritu o cualquier cosa a la que llames Poder Superior esté presente en este mundo como mi Yo Único.

Cualquier persona que sufra de adicción necesita saber que no están fracturados ni quebrados para siempre. Al vivir desde nuestro Yo Verdadero, a través de nuestro Yo Único somos restaurados a nuestra bondad innata y podemos iluminar el camino para otros.


Este artículo apareció por primera vez en el folleto de Unity El sendero espiritual de la adicción a la recuperación. Todos los autores de este folleto optaron por el anonimato, siguiendo la tradición de los grupos de 12 pasos.


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