Amistad… el rostro de Dios
La conexión con los demás nos permite sentirnos unidos a Dios.
Conocí a mi amiga Laura en uno de los momentos más difíciles de mi vida. Mi esposo, el padre de mis niñas, se había marchado inesperadamente, dejando un vacío profundo en nuestras vidas. Fue en una reunión de madres, a la que asistí invitada por otra amiga con el propósito de distraerme durante mi duelo, donde encontré a Laura por primera vez.
Aunque en ese primer encuentro no hablamos mucho, Laura siempre fue muy amable conmigo, y en reuniones posteriores, su cariño y empatía me conmovieron. Para mi sorpresa, ella también pertenecía a un grupo de estudio de Unity, al cual fui invitada poco después. Verla allí me confirmó que era una persona de mente abierta, lo que me permitió confiar en ella y compartir lo que estaba viviendo en esos días tan oscuros.
Le hablé de la depresión y los ataques de ansiedad que estaba experimentando desde que me vi sola con mis hijas. Ella había pasado por algo similar en el pasado, lo que facilitó una profunda conexión entre nosotras. Laura se convirtió en una hermana del alma, apoyándome en todos los sentidos. Ya fuera que necesitara ayuda con mis hijas, un consejo, o simplemente un lugar donde sentirme acogida, ella siempre estaba allí para brindarme su apoyo. Lo más importante es que supo ver mi luz y mi potencial en medio de la oscuridad. Sus palabras de aliento me ayudaron a entender que todo lo que estaba viviendo era una preparación para mejores cosas que vendrían, y, sobre todo, para ser una madre más fuerte para mis pequeñas.
Cuando me invadían las dudas sobre cómo seguir adelante con mis hijas, siempre podía contar con Laura. Ella tenía la capacidad de ofrecerme palabras de aliento y de ayudarme a replantear mis situaciones desde la perspectiva de la fe.
Una de las enseñanzas más valiosas que me dejó fue la de reconocer que, más allá de mi fuerza física, existe una conexión con Dios, esa presencia Crística que nos da la fortaleza necesaria para superar cualquier adversidad.
Tener a Laura a mi lado en esa etapa de mi vida fue un verdadero sustento para mi alma. La fuerza de su fe fue capaz de levantar la mía, permitiéndome enfrentar los desafíos con determinación, dejando atrás el papel de víctima y empoderándome para aprender de esa etapa y resurgir como el ave fénix, con más fuerza, valor y, sobre todo, fe en mi vida.
Hoy sé que Laura tenía razón cuando me decía que lo que estaba viviendo en ese momento era una preparación para mi futuro. Todo esto fue el comienzo de una nueva y más profunda relación con Dios, una relación fortalecida por la fe.
Recuerdo a mi amiga Laura con mucho cariño y gratitud, y evoco el versículo bíblico que dice:
«Por lo tanto, anímense y edifíquense unos a otros, como en efecto ya lo hacen».—1 Tesalonicenses 5:11
¡Qué importante es la amistad! Un amigo puede ser el rostro de Dios en la tierra, a través del cual podemos sentir amor, guía y empoderamiento. Conectar con los demás desde el corazón nos permite experimentar la unión con Dios en nuestras vidas y en todo lo que nos rodea.
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