Dar gracias por todo
La gratitud no se limita a un solo día
Experimentar gratitud en todas las circunstancias
A finales de este mes, los estadounidenses celebrarán el día de Acción de Gracias. Durante ese día y los días previos, recibiremos toda clase de mensajes, ya sea a través de programas de televisión, anuncios, decoraciones o historias en redes sociales, que nos recordarán la importancia de la gratitud. Escucharemos el mensaje, posiblemente en más de una ocasión, sobre lo esencial que es dar gracias por nuestras bendiciones, incluso en momentos difíciles, siempre hay algo por lo que estar agradecidos. Todo eso es muy válido, por supuesto, pero una experiencia reciente amplió mi comprensión de la gratitud más allá de uno mismo.
Más allá de la gratitud
Hace unas semanas, tenía una cita en la farmacia para recibir mi vacuna anual contra la gripe. La fila era larga y avanzaba despacio, con muchas personas esperando recoger sus recetas médicas. Mientras aguardaba para que me administraran la vacuna, observaba lo que ocurría a mi alrededor.
Escuché a algunas personas quejarse, a otras hablar por teléfono, y unas cuantas intercambiaban palabras entre sí. También noté al personal de la farmacia, que parecía enfrentar dificultades en cada transacción.
Aunque no conocía los detalles, noté que la situación no era favorable. Uno tras otro, los clientes abandonaban la fila, visiblemente molestos, murmurando y expresando su frustración. A pesar de ello, el personal de la farmacia atendía a cada cliente con cortesía y profesionalismo. No obstante, era evidente que la frustración ajena les afectaba, disminuyendo su ánimo.
La gratitud fluye de manera más sencilla cuando compartimos con seres queridos y disfrutamos de una mesa llena de delicias. Sin embargo, se vuelve un desafío cuando estamos rodeados de desconocidos malhumorados y personas exhaustas que, a pesar de su deseo de ayudarnos, se ven frustrados por situaciones que a menudo escapan a su control.
Fue entonces que me di cuenta de que podía enviar una energía diferente. En lugar de sentir lástima por ellos o incluso orar por ellos, les brinde mis bendiciones con pensamientos de gratitud. Al reflexionar sobre sus desafíos particulares, como lidiar con clientes que estaban enfermos o preocupados, o encargarse de la comunicación con los consultorios médicos y las compañías de seguros, cada uno con sus propias políticas y procedimientos, empecé a valorar sus esfuerzos.
Por supuesto, centrarse en la gratitud podría haber sido más difícil si no me hubiera sentido bien o si estuviera preocupada por un ser querido en casa, al igual que muchos otros. Sin embargo, incluso en esas circunstancias, consideré que era valioso sentir gratitud por aquellos que estaban haciendo su mejor esfuerzo por ayudarme.
Dar gracias por los demás
La gratitud fluye de manera más sencilla cuando compartimos con seres queridos y disfrutamos de una mesa llena de delicias. Sin embargo, se vuelve un desafío cuando estamos rodeados de desconocidos malhumorados y personas exhaustas que, a pesar de su deseo de ayudarnos, se ven frustrados por situaciones que a menudo escapan a su control
El año pasado, escribí sobre la importancia de practicar la gratitud incluso en las situaciones más desagradables. Pero, ¿qué sucede con las situaciones desafiantes que enfrentan los demás? ¿Cómo lidiar con el mal día de otra persona? ¿Cómo apreciar a la persona que tiene problemas con su compañía de seguros? ¿Cómo entender a aquel que ha pasado mucho tiempo en una fila? ¿Cómo reconocer el esfuerzo del dependiente que ha mantenido su profesionalismo al tratar con clientes comprensiblemente impacientes?
¿Qué tal si mejoramos el ánimo general al pensar en agradecer sinceramente a los empleados de las tiendas por su esfuerzo? ¿Y si mostramos gratitud por la fortaleza de quienes luchan contra enfermedades?
La gratitud es una herramienta espiritual demasiado valiosa para limitarla a un solo día o a nosotros mismos. Esto no significa que no debamos apreciar las bendiciones de nuestra vida, por supuesto que sí. Nos beneficiamos a nosotros mismos cada vez que nos detenemos a agradecer de corazón. Pero, ¿qué pasa con bendecir a los demás, en especial a aquellos que más lo necesitan? ¿Cómo cambiaría el mundo si nos acostumbráramos a expresar gratitud por los gestos amables, ya sean grandes o pequeños? ¿Y si, en lugar de limitarnos a un simple “gracias”, nos comprometiéramos a bendecir verdaderamente los esfuerzos y las energías de personas que realizan todo tipo de buenas acciones?
Podríamos mantener el espíritu del Día de Acción de Gracias durante todo el año. Podríamos transformar nuestras interacciones, relaciones y, en última instancia, el mundo mismo. La gratitud es el camino.
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