El ascensor directo al aposento alto

Prefiero orar en momentos de calma, como cuando la suave luz del amanecer entra por la ventana o cuando una habitación oscura es iluminada por la luz tenue de una vela. Es en esos momentos de tranquilidad cuando, sin distracciones, puedo liberar las tensiones y abrirme a la sabiduría divina. Sin embargo, no siempre es posible esperar las condiciones ideales para orar. En situaciones de caos, urgencia o peligro, no hay tiempo para relajarse, abrir el corazón conscientemente y ascender lentamente al aposento alto, ese lugar sagrado donde los apóstoles oraban, simbolizando la máxima comunión con el Espíritu.
He aprendido que, en ciertos momentos, no queda otra opción más que tomar el «ascensor directo» hacia ese lugar elevado y estar listos para orar en el momento, confiando en que Dios está presente en toda circunstancia. Hace algunos años, participé como voluntaria en un pequeño pueblo de Tailandia, como parte de un proyecto de turismo sostenible que buscaba apoyar a la comunidad local en el cuidado de sus elefantes, quienes habían sido parte de sus familias durante décadas. Estos elefantes habían trabajado en la industria maderera hasta que la deforestación masiva en Tailandia llevó a la prohibición de esa práctica. Un elefante puede consumir entre 90 y 150 kilos de comida al día, y muchos lugareños, incapaces de costear su alimentación, se vieron forzados a venderlos al turismo, una vida cruel para estos animales, que se veían obligados a actuar y ser montados por turistas. Nuestro grupo estaba allí para promover un turismo más ético, cortando ramas de bambú con machetes para alimentarlos y llevándolos al río para bañarse.
Lo siguiente que recuerdo es estar de espaldas, observando los pliegues de su vientre arrugado, con sus gruesas patas moviéndose a ambos lados de mí.
Los elefantes son criaturas sociales. Al regresar a la aldea tras años de trabajo en el turismo, muchos reconocieron a sus viejos amigos con alegría, incluso después de 20 años de separación. Esto explicaba la emoción de un joven elefante cuando, una mañana, vio a otro elefante joven aproximándose a nuestro grupo mientras nos preparábamos para ir al río. Yo estaba cerca de la cría cuando, en su entusiasmo, comenzó a zapatear juguetonamente y a balancearse ligeramente con impaciencia, lo que accidentalmente me derribó. Lo siguiente que recuerdo es estar de espaldas, observando los pliegues de su vientre arrugado, con sus gruesas patas moviéndose a ambos lados de mí. Más allá, veía un montón de patas enormes moviéndose por el suelo. Aunque este elefante era relativamente pequeño, con solo 5 o 6 años, probablemente pesaba cerca de una tonelada. Sabía que, si me pisaba, podría ser fatal.

En ese momento, mi primera reacción fue la resignación. Pensé que este podría ser el fin de mi viaje en la Tierra, y de una manera tan inesperada. Recuerdo que, cuando era niña, aprendí normas de seguridad y supervivencia, pero nunca cómo reaccionar si alguna vez me encontraba debajo de un elefante.
Sin embargo, en esos breves instantes, algo cambió en mi interior. En lugar de pánico, sentí una paz indescriptible. Sin darme cuenta, tomé el ascensor directo hacia ese estado de oración donde me abrí a la omnisciencia de Dios. Me di cuenta de que debía permanecer quieta y tranquila, cuando la reacción más normal sería entrar en pánico e intentar huir. En lugar de eso, no moví ni un músculo, siendo consciente de que cualquier movimiento podría aumentar el riesgo de ser aplastada. El mahout, el cuidador experto de elefantes, me agarró de las piernas y me arrastró por la grava hasta un lugar seguro. Allí de pie, con las piernas sangrando, me sentí segura de haber sobrevivido, sabiendo que había confiado en la guía divina para mantenerme inmóvil.
La vida nos enfrenta a momentos de crisis y peligro en los que debemos reaccionar de inmediato, a menudo sin tiempo para prepararnos. En esos momentos, no siempre es necesario retirarse a un lugar de oración. Dios siempre está con nosotros, en nuestro interior. No podemos separarnos de su amor y sabiduría. Simplemente debemos abrir nuestro corazón y estar atentos.

Vendé mis heridas y me reuní con el grupo en el sendero. No permití que el incidente afectara mi conexión con estos seres tan llenos de vida. Me confiaron las riendas de Nong Mai, la elefanta más grande de la manada y una de las mayores a sus 40 años. Junto con su mahout, caminamos hasta la orilla del río, donde los otros elefantes chapoteaban felices bajo el sol de la mañana. Al finalizar, varios de ellos levantaron sus trompas al unísono y emitieron sonidos de alegría. Sentí un escalofrío, no de miedo, sino de gratitud por el poder de la oración y la alegría compartida.
Lo mejor de Unity
Envío gratuito en compras en línea superiores a $50.
Más como este
Un viaje en solitario y una experiencia inesperada
Perdida en la traducción, pero nunca sola: un viaje transformador en Brasil revela la constante protección y amor de Dios.
Nuestro momento es ahora
Descubre la transformación de Dodie Stevens, de ídolo adolescente a buscadora espiritual, hallando consuelo en afirmaciones positivas y en el poder sanador de la música.
Día de Oración Mundial 2026
The 2026 Unity World Day of Prayer unites thousands in the power of affirmative prayer September 9–10. The theme for this year is Love on Purpose.
Perfeccionar la receta para el éxito
Anamaría Morales (conocida como la College Confeccionista) fue una emprendedora desde muy joven que se abrió camino hacia la universidad haciendo “una pay de queso a la vez”.





Artículo
Artículo
Artículo
Artículo