El don de dar
El don de dar
Hace algunos años, viajaba sola de regreso a casa después de un viaje de fin de semana. Me detuve en un restaurante para comer y, al volver a mi coche, descubrí que tenía una llanta desinflada. Sin otra opción, volví al local para buscar un teléfono público —sí, fue hace mucho tiempo— y llamé al servicio de asistencia en carretera.
Dos jóvenes que estaban en una mesa cercana me escucharon. Mientras yo esperaba al teléfono, uno de ellos se acercó y, con amabilidad, me preguntó si llevaba un neumático de repuesto en el maletero. Me dijo que, si la tenía, él y su amigo podían cambiármela en un instante. Al principio dudé, pero su sinceridad me tranquilizó.
Acepté su ayuda y, tal como me habían prometido, cambiaron el neumático en cuestión de minutos. Quise agradecerles con algo de dinero, aunque me daba vergüenza que no fuera mucho, pero aun así, insistí. Ellos, sin embargo, lo rechazaron con una sonrisa, diciendo que lo que hicieron no fue gran cosa. Pero para mí lo fue: me evitaron una larga espera y un gasto inesperado. Su gesto se quedó grabado en mi memoria.
Quizá en ese momento no pude devolverles el favor, pero con los años he tenido la oportunidad de honrar su bondad. Los pequeños actos de amabilidad que desde entonces he compartido con desconocidos —ayudar con las bolsas de compras, completar el cambio que les falta para pagar— no me han costado gran cosa, pero sé que, para quienes los reciben, pueden ser un rayo de luz en un día gris.
Los regalos que tenemos para ofrecer
La generosidad es una parte esencial —y profundamente significativa— de la temporada navideña. Ayudar a quienes lo necesitan, apoyar a organizaciones que siembran esperanza y sorprender a nuestros seres queridos con gestos de amor y gratitud hacen que las festividades cobren un sentido más profundo.
A medida que nos adentramos en esta época del año, abundan las oportunidades para dar. Hay tantas formas de ofrecer, servir y compartir con los demás: desde nuestra familia y amistades cercanas hasta nuestras comunidades y más allá. La temporada navideña nos abre los ojos y suaviza el corazón, llenándonos de esperanza y del anhelo de crear paz en la Tierra y buena voluntad para todos a través del sencillo acto de darnos a los demás.
Cuando lleguen las fiestas y se acerque un nuevo año, las oportunidades para dar, servir y compartir seguirán presentes. Podemos mantener vivo el espíritu navideño permaneciendo atentos a las necesidades de los demás y haciendo lo que esté a nuestro alcance —por pequeño que sea— para ayudar. Aunque nuestros gestos parezcan modestos, pueden marcar una gran diferencia para otra persona.
Ningún regalo es demasiado pequeño. Ningún acto de bondad es insignificante. Los obsequios que ofrecemos —una contribución económica, una mano amiga o nuestro tiempo— permanecerán en la mente y el corazón de quienes los reciben. Son regalos que dicen más que las palabras, duran más que las fiestas e inspiran generosidad tanto en nosotros como en quienes tocan nuestras vidas. Estos son los regalos que mantienen vivo el espíritu navideño en nuestro interior y en aquellos que serán bendecidos por nuestra bondad en los días, meses y años por venir.
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