El poder sanador de la música
Cuando comencé mi carrera como artista musical, cantaba en bodas, bares con piano e incluso en inauguraciones de puestos de comida rápida. Donde me necesitaran, allí estaba yo. La música era, para mí, el vehículo perfecto para expresar lo más profundo de mi alma y mi corazón.
En esa época ya escribía canciones e intentaba que las publicaran, generalmente con las típicas letras del estilo «me rompiste el corazón» que eran las que los editores buscaban.
Todo cambió cuando empecé a cantar en una iglesia de la corriente del Nuevo Pensamiento y tuve la oportunidad de componer canciones con mensajes positivos. Algo profundo se transformó dentro de mí.
Sentía cómo esas letras iban moldeando mi manera de pensar y trayendo más amor, luz y alegría a mi vida.
Cuando decidí lanzar mi primer CD con este tipo de música, la gratitud y los mensajes de reconocimiento que recibí me confirmaron que había encontrado mi verdadero camino.
Del mantra a la melodía
Mi rumbo musical se definió por completo cuando a mi madre le diagnosticaron cáncer. Ella es la persona más positiva que he conocido. Durante sus tratamientos de quimioterapia, repetía una y otra vez un mantra lleno de esperanza: «¡Estoy sana, plena y en perfecto bienestar!»
Al escucharla, inmediatamente le puse música, para que pudiera cantarlo mientras recibía su tratamiento. Y fue entonces cuando comprendí, con total claridad, el poder de combinar afirmaciones positivas con una melodía suave y reconfortante.
Mientras la quimioterapia actuaba en su cuerpo, la música sembraba en su mente un mensaje de esperanza y sanación. Esa simple decisión —componer un canto para acompañar el proceso de alguien a quien amaba— transformó para siempre el propósito de mi música.
Muchas personas me preguntan qué me motiva a escribir música para sanar.
Cada vez que recibo un mensaje de alguien que me cuenta cómo mis canciones han sido compañía en momentos difíciles, que les ayudaron a soltar el miedo y la preocupación, y que las guiaron hacia un estado positivo durante su proceso de sanación, me siento profundamente conmovida.
Mi visión es que esta música sanadora llegue a todas las personas que atraviesan retos de salud. Me encantaría que pudiera escucharse en hospitales, centros oncológicos y en cualquier lugar donde pueda ofrecer alivio y esperanza.
Lo que sé con certeza es que la música tiene el poder de sanar, de inspirar y de ser fundamental para nuestro bienestar.
Te invito a escuchar y cantar canciones positivas cada día, y a descubrir cómo esa práctica puede transformar tu vida.
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