La temporada del amor
No soy muy fanática del invierno, lo admito. Normalmente, las semanas que siguen a la Navidad y al Año Nuevo, justo antes de San Valentín, me resultan tristes y un tanto apagadas, tras la alegría y el bullicio de las fiestas. Donde vivo, el frío se hace presente y el paisaje parece desolado. Aunque los días comienzan a alargarse, el cambio apenas se percibe, y la primavera se siente aún muy lejana.
Sin embargo, esa sensación del invierno cambió cuando conocí a mi esposo, hace casi veinte años. Su cumpleaños, a finales de enero, me da algo que esperar y planificar después de Navidad. De hecho, lo espero con más ilusión que él. Va más allá de encontrar el regalo perfecto u hornear su pastel favorito. Se trata de lo mismo que hace alegre la temporada navideña. En medio del ajetreo, las coloridas decoraciones y la música de temporada, vuelvo a sumergirme en la alegría de dar, que es, al fin y al cabo, otra forma de compartir el amor.
Las estaciones de la vida
Esa comprensión marcó un giro significativo en mi forma de ver las cosas. Así como cambian las estaciones a nuestro alrededor, también cambian las etapas de nuestra vida. En la vida de todos hay momentos de alegría y tranquilidad, así como períodos de dificultad y lucha. Estos últimos, en especial, pueden asemejarse a un invierno interior: gris, frío y monótono.
Aun así, tenemos el poder de decidir cómo atravesar esos momentos. Podemos recurrir a la profundidad del amor y la bondad que habitan en nuestro interior, y compartirlos con generosidad. No hace falta esperar el cumpleaños de un ser querido u otra fecha especial para encender esa chispa de alegría o bondad. Incluso los actos más pequeños y espontáneos de compasión pueden iluminar el día de alguien.
Y, sobre todo, pueden transformarnos a nosotros mismos. En nuestros inviernos personales, los momentos difíciles y los estados de ánimo bajos suelen alimentarse a sí mismos, nublando nuestra capacidad de ver lo bueno que nos rodea y las bendiciones que tenemos. Quizás no haya mejor manera de adelantar la llegada de una estación más cálida y soleada que invitarla mediante nuestra propia actitud y acciones.
Seguramente a tu alrededor ya empiezan a verse señales de que se acerca el Día de San Valentín: cupidos, tarjetas, flores, chocolates... todos esos detalles que lo hacen tan especial. En el corazón de todo esto —y valga la palabra— está el amor. Te animo a que disfrutes de estas festividades y, una vez que pasen, mantengas vivo su espíritu. Busca formas de compartir, de crear vínculos significativos y de dar lo mejor de ti mismo —tu tiempo, tu atención, aquellos dones que son únicos en tu mundo—, y sentirás cómo empieza a amanecer una nueva estación de luz y calor en tu interior.
Al hacerlo, te darás cuenta de que las condiciones externas no pueden competir con el mundo que florece dentro de ti. Descubrirás que, cuando el amor se enciende en el corazón, encuentra una primavera eterna en el alma.
Esta es una carta de la editora de Daily Word (La Palabra Diaria). Para suscribirte, visita https://compra.unityonline.org/subscribe.
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