Vivir una vida espiritual muchas veces implica encontrar oportunidades para cultivar la compasión en los momentos más simples y de formas inesperadas.

Durante todo el verano, un pequeño conejo merodeaba cerca de nuestra casa. No era el mismo conejo blanco y negro sobre el que escribí hace un año y medio, al que solía ver temprano por la mañana o al atardecer. Este nuevo visitante prefería descansar en la sombra durante los días más calurosos, siempre en calma y paz.

Con el tiempo, me alegraba cada vez que lo veía, y si pasaban algunos días sin avistarlo, comenzaba a preocuparme, esperando que estuviera superando las dificultades y los peligros del entorno.

Una tarde sofocante, me dirigía al auto para hacer unas diligencias. Busqué en los rincones sombreados donde lo había visto antes, pero no lo encontré. Luego, miré debajo del auto y ahí estaba, descansando sobre la grava, protegido por la sombra. Tuve que decidir: hacer ruido para espantarlo o encender el auto y confiar en que se movería solo.

Al final, no hice ninguna de las dos cosas. Volví a la casa, dejando los pendientes para otro día. No quería molestarlo. Más allá de eso, me reconfortaba saber que el conejo consideraba mi jardín y el área de entrada en mi casa como un refugio seguro, un lugar donde podía descansar, y deseaba que siempre fuera así.

Photo of white and tan rabbit taken by Rev. Teresa Burton

La bendición de la compasión

La experiencia con el conejo me enseño una lección invaluable. Todos sabemos que el mundo anhela actos de compasión, bondad y empatía. A veces, esta necesidad tan grande puede hacernos sentir que nuestras acciones deben ser igualmente grandes, lo que a menudo nos desanima al preguntarnos si realmente podemos marcar una diferencia significativa en aliviar el sufrimiento o brindar consuelo.

Sin embargo, mi experiencia con el conejo demostró que no se necesita mucho para hacer una diferencia. Estoy segura de que mis acciones tuvieron un impacto mayor en mí que en el propio conejo. Después de todo, él no sabía que lo buscaba cada día ni que me preocupaba por su bienestar cuando no lo veía durante uno o dos días. No podía saber que estaba dispuesta a posponer una visita a la farmacia y a la gasolinera para no perturbarlo y hacerlo salir de su sombra. Probablemente me ignoraba. Pero su presencia me hizo más consciente, considerada, amable y paciente.

A menudo creemos que la compasión es una bendición solo para quienes reciben nuestra atención, y ciertamente lo es. No obstante, también nos beneficia a nosotros. Al abrir nuestros corazones y vivir desde el servicio y el desinterés, suavizamos nuestras asperezas y nos conectamos con el mundo de una manera nueva. La compasión es el medio a través del cual compartimos el amor divino y, al mismo tiempo, lo redescubrimos dentro de nosotros mismos


Acerca del autor

La Rev. Teresa Burton es la editora de Daily Word®. Es una oradora dinámica y escritora inspiradora, ella hace que las enseñanzas de Unity sean fáciles de entender y divertidas de aprender. Antes de responder al llamado al ministerio, trabajó como editora durante más de 25 años en varios puestos en publicaciones impresas y digitales.


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