Mi oración para ti esta Navidad
Permite que la maravilla habite en tu corazón
En esta temporada navideña, disfruta de este artículo clásico escrito por el ministro de Unity, James Dillet Freeman. La versión en inglés se publicó por primera vez en la revista Unity Magazine, que recientemente cambió su nombre a Spirituality & Health: A Unity Publication.
No estoy seguro de si la maravilla surge desde lo más profundo de nuestro ser, haciendo que las cosas parezcan más gloriosas, o si las percibimos así porque las contemplamos con una mirada cargada de asombro. ¿Está la maravilla en las cosas o en nosotros? Yo diría que en ambos. Sin duda, durante la Navidad, todo adquiere una magia especial. Velas en las mesas, guirnaldas en las ventanas, acebo en las puertas, casas adornadas con luces de colores, postes de luz decorados con ramas de abeto y campanas, buzones de correo llenos de tarjetas de felicitación, escaparates transformados en obras de arte y calles repletas de multitudes alegres, todas con el propósito de llevar felicidad a los demás. Es como si, en Navidad, Dios envolviera al mundo como un regalo.
La Navidad despierta en nosotros un profundo sentido de maravilla, devolviéndonos a la inocencia y receptividad de la niñez, donde el asombro fluye de manera pura y natural.
Esta noche, antes de descansar, toma un momento para estar en silencio, cierra los ojos y evoca las Navidades de tu niñez. O aún mejor, permite que la maravilla renazca en tu corazón.
¿Recuerdas esa sensación de espera que precedía a la Navidad? Es un sentimiento tan profundo que es difícil de describir.
¿Esperanza? Una esperanza que se intensificaba en un éxtasis de anticipación divina.
¿Deseo? Un anhelo tan profundo que solo podía intuirse, con una fe silenciosa, de que el día del cumplimiento llegaría.
¿Emoción? Una chispa tan intensa en la mente que podría sentirse hasta en el cuerpo.
¿Sueños? Sueños que despertaban otros sueños, visiones que se desplegaban en una dulce y mística fantasía: la nieve, el espíritu navideño, un reino de maravillas, renos, golosinas, juguetes, bicicletas, bombones, y una abundancia de delicias que llenaban la mente y encendían la imaginación.
La Navidad es una maravilla
Recuerdo también las dudas que sembraron en mi mente. Me decían que, si me portaba mal, al despertar en la mañana de Navidad encontraría carbón en lugar de regalos en mi bota navideña, que colgaba en su sitio.
Como siempre creí haberme portado mal, bajaba la bota de Navidad con temor, aunque con una pizca de esperanza. Sin embargo, cada vez que la vaciaba, en lugar de carbón, encontraba naranjas, manzanas, nueces, navajitas de juguete, barquitos, trompos y otras pequeñas sorpresas que cabían en su interior. Tal vez por eso creo en un Dios infinito en perdón y bondad.
Aunque debajo del árbol no siempre estaban todas las cosas que esperaba y deseaba, había lo suficiente para confirmar, incluso años después, que la Navidad es una maravilla y la mañana de Navidad, un sueño hecho realidad.
No quiero decir que la Navidad solo tenga valor si recibimos regalos. Recuerdo una Navidad en la que no recibí nada: ni regalos, ni árbol, ni siquiera un caramelo. Nada. Mi corazón se sintió vacío. Sin embargo, mi hermana y yo fuimos al pueblo a la fiesta de Navidad organizada por el municipio, donde miles de niños se reunieron. Nos dieron bolsitas de caramelos y nueces. A mi hermana le regalaron una muñeca, y a mí, un hombrecito mecánico que bailaba sobre una caja cuando le daba cuerda. Aunque lo giré tanto que, al llegar a casa, ya no funcionaba, esa Navidad, como todas las demás, ya fueran felices o difíciles, sigue siendo parte de la maravilla. Porque, incluso para un niño, la Navidad es mucho más que recibir objetos. No se trata de obtener cosas en absoluto, sino de una maravilla que nos sorprende.
La Navidad es creer.
La Navidad es esperanza.
La Navidad es soñar.
La Navidad es una celebración sagrada que abraza los sueños y esperanzas de la humanidad, y por eso la esencia de la Navidad se encuentra en su historia.
La Navidad es el nacimiento de Cristo, el momento en que la más grande esperanza y el más elevado sueño de la humanidad toman forma. Es la manifestación de lo divino en lo humano, el despertar de Dios en nuestro ser.
Esta Navidad, tómate un instante para reflexionar sobre este relato sagrado.Cuando no hubo lugar en la posada, Dios eligió nacer en un humilde establo. Allí, María, la Madre, se inclinó sobre el pesebre, contemplando a su Niño dormido entre el heno. Los animales del establo —¿acaso poseían una sabiduría superior a la de la humanidad? —, según el relato, se inclinaron para adorar al Señor Jesús.
Los pastores llegaron desde los campos cercanos, dejando atrás sus rebaños para rendir homenaje al Cordero de Dios. Los Magos viajaron desde tierras lejanas, guiados por la estrella más brillante que jamás haya iluminado la noche de la Tierra. Los ángeles cantaron en el cielo, junto al establo, aunque solo los pastores escucharon. Su canto proclamaba la paz en un mundo carente de ella y entonaban melodías de buena voluntad para todos los pueblos.
¿Acaso mi mente no puede ser como un establo y mi corazón como un pesebre? Ambos están llamados a albergar la misma maravilla que inspiró el canto de los ángeles.
La historia de la Navidad está impregnada de esperanza, una esperanza universal que alcanza a todos. En ella, tanto los pastores como los Reyes Magos encontraron al Señor recién nacido. Los pastores, con corazones sencillos y humildes, llegaron desde lugares cercanos. Los Reyes Magos, en cambio, viajaron desde tierras remotas. Fue solo después de un largo y arduo viaje que llegaron hasta el Cristo.
Los ángeles ofrecieron su canto a los pastores. Tal vez porque los Reyes Magos, con toda su sabiduría, eran menos propensos a creer en ángeles. Sin embargo, siguieron una estrella, y esa misma estrella los guio hacia la Verdad.
Cuando los pastores vinieron en busca de Dios, trajeron solo su asombro y su inocencia, pues era todo lo que poseían.
Cuando los Reyes Magos vinieron en busca de Dios, trajeron ofrendas, símbolos de sabiduría y adoración.
Si te acercas como un pastor, Dios solo te pide tu asombro y un corazón abierto.
Si te acercas como un sabio, Dios solo te pide tu sabiduría y tu reverencia.
Dios se revela tanto a los pastores como a los Magos, a todos aquellos que se acercan con sinceridad. La maravilla de la Navidad, pura y luminosa como un niño recién nacido, te aguarda al final de tu búsqueda.
Ya sea que tu mente sea la de un sabio o tu corazón el de un pastor, ven y contempla la Navidad, y permite que la maravilla divina te llene y te transforme.
Esta es mi oración para ti esta Navidad:
Que siempre haya espacio en tu corazón donde la divinidad pueda nacer.
Que tu santidad refleje la de los ángeles,
tu fidelidad la de los pastores,
tu humildad la de los animales,
y tu sabiduría la de los Reyes Magos.
Que poseas la compasión de María
y la comprensión de José,
y que la bendición del Cristo Niño more en ti,
no solo por su nacimiento en el pasado,
sino porque su amor nace en ti en este momento.
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