En enero de 2009, Oprah Winfrey dedicó un episodio de su programa de entrevistas a explorar la espiritualidad. El episodio contó con un panel de maestros espirituales, entre ellos el reverendo Ed Bacon, rector de la Iglesia Episcopal de Todos los Santos en Pasadena, California. 

Durante la transmisión, el panel respondió preguntas del público y de espectadores por videoconferencia. Uno de ellos, Sedrick, un hombre gay de 33 años desde Atlanta, compartió cómo crecer en un hogar cristiano en la zona rural de Alabama lo había llevado a percibir su orientación sexual como un obstáculo para su desarrollo espiritual. 

Ante esto, el reverendo Bacon respondió con amor y sencillez: «Ser gay es un don de Dios».

«No estamos hablando de religión», explicó Beckwith, «sino de espiritualidad. Las personas no simplemente terminan siendo gays. Nacen con esa orientación. Así que él (Sedrick) es gay por derecho divino».  

Un derecho divino

Sedrick quedó atónito, como si estuviera escuchando una verdad sagrada por primera vez. Y, en efecto, lo estaba. Incluso Oprah reaccionó con sorpresa y asombro ante la afirmación del reverendo. 

«Eres el primer ministro que he escuchado decir que ser gay es un don de Dios», comentó Winfrey. Pero su sorpresa no era de incredulidad, sino de alegría. 

Michael Bernard Beckwith, fundador y director del Centro Espiritual Internacional Agape en Los Ángeles, intervino para reforzar el mensaje. 

«No estamos hablando de religión», explicó Beckwith, «sino de espiritualidad. Las personas no simplemente terminan siendo gays. Nacen con esa orientación. Así que él (Sedrick) es gay por derecho divino». 

Ante esto, el reverendo Bacon respondió con amor y sencillez: «Ser gay es un don de Dios».

Las declaraciones de Bacon y Beckwith provocaron una oleada de críticas en línea, con cientos de comentarios negativos publicados en el sitio web del programa. 

¿Cómo hemos llegado a un punto en el que tantas personas LGBTQ+ no se reconocen a sí mismas como seres íntegros y sagrados? ¿Cómo olvidamos nuestra esencia divina? Y, más importante aún, ¿cómo podemos recordarla? 

El don del arcoíris

Recuerdo que, para mi cumpleaños número 12, mi abuela me tejió un gorro de invierno con una bufanda y guantes a juego. Utilizó hilos de diversos colores porque no recordaba de qué color era mi abrigo y quería asegurarse de que su creación combinara con todo. 

Aunque le agradecí el gesto, sabía que jamás usaría aquel regalo. Como un niño que luchaba por aceptar su identidad, temía que llevar un gorro, una bufanda y unos guantes multicolores me hiciera parecer «demasiado gay» ante mis compañeros. Así que los guardé en un estante de mi clóset, avergonzado de algo que, en realidad, era un acto de amor. 

Hoy, con mi abuela hace tiempo en otro plano de existencia, veo con claridad lo que antes no pude. 

Si tan solo pudiera recuperar ese gorro, esa bufanda y esos guantes de arcoíris… serían mis posesiones más preciadas. Los llevaría con orgullo, feliz de que me hicieran parecer «gay», pues hoy el arcoíris es el símbolo del orgullo LGBTQ+. 

A lo largo de los años, tanto yo como la comunidad LGBTQ+ hemos avanzado en el camino de la aceptación, pero aún hay quienes rechazan el don que les ha sido concedido. Rechazan el Don de ser gay, así como yo rechacé el regalo de mi abuela. 

¡Nuestra naturaleza como personas homosexuales no es una carga, sino una bendición divina! No nos hace «mejores» ni «más especiales» que los demás, pero nos ofrece en una perspectiva única para el crecimiento espiritual. Nos invita a irradiar amor, comprensión y aceptación en el mundo. 

Sería una lástima desperdiciar este don al no permitirle alcanzar su máximo potencial. Cuando vivimos desde la conciencia de nuestra divinidad y practicamos G.R.A.C.I.A.Gratitud, Reflexión, Amor, Compasión, Integridad y Aceptación—, nos convertimos en faros de luz. Y esa luz no solo nos transforma, sino que ilumina el camino de quienes aún buscan reconocer su propio esplendor. 


Acerca del autor

Salvatore Sapienza es un exmonje de la Iglesia Católica y miembro de la Iglesia Unity on the Lakeshore en Douglas, Michigan. Este es un fragmento de su libro Gay Is a Gift.


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