Ser saludable, un paso a la vez
El sendero espiritual hacia el bienestar, requiere pequeños pasos que desafían a una persona como yo, para quien es todo o nada. Aunque deseo estar físicamente saludable y emocionalmente serena, tiendo a repetir conductas que me detienen.
A veces, solo quiero el consuelo de una bolsa grande de golosinas Twix o un pote completo de helado. Si la comida chatarra no está disponible, utilizo comida chatarra para la mente, como entretenerme con el teléfono o ver televisión por horas a la vez. Esas son mis formas favoritas, pero lejos de ser las únicas. También trato de detener el ciclo de angustia y temor, causado por mi miedo a defraudar a la gente.
Con frecuencia pensaba “Todo estará bien cuando ____.” Cuando logre cumplir dentro del plazo, cuando el dinero no sea escaso, cuando el trabajo no sea tan ajetreado o cuando logre lavar toda la ropa. Mas rara vez lo lograba estar. Y si lo hacía, la experiencia era de corta duración.
Una voz interna diferente
Mi ego tiene una voz fuerte que tiende a ahogar mi inspiración divina. Para encontrar paz y tranquilidad, me he dado cuenta de que necesito prestar atención a mi ser espiritual. También necesito tomar acción, lo que se siente abrumador, porque suena a esfuerzo. Pero quiero estar bien y sé que debo trabajar internamente para que se haga realidad. También conozco años de experiencias frustrantes de intentar cambiar mi vida con grandes planes de mejoramiento, que me han llevado a tener sentimientos de fracaso. Esta vez he comenzado con pequeños pasos que se sienten más manejables.
“Para encontrar paz y tranquilidad, me he dado cuenta de que necesito prestar atención a mi ser espiritual”.
Gratitud, conciencia presente y Silencio
Comienzo con una oración de gratitud al despertar. En la noche, reviso los eventos del día, grandes y pequeños y digo una oración de gratitud antes de dormir. Empezar y terminar el día con agradecimiento me hace sentir mejor y mi mente tiende a divagar menos hacia el “todo estará bien cuando _____”.
También quiero estar en el presente de mi vida y no dejarme llevar hacia el fácil consuelo de la distracción. Comencé por soltar el teléfono. Primero por media hora y luego por más tiempo. Una vez que me di cuenta que estaba bien sin mi teléfono, descubrí que tenía más tiempo para hacer otras cosas. Apagué el televisor y me volví más intencional con respecto al tiempo frente a la pantalla. Planifico la programación que quiero ver, en lugar de dejarla encendida. Finalmente empecé a sentirme cómoda dejando el teléfono en otra habitación.
Descubrí que evitaba estar a solas con mis pensamientos. Una vez que lo comprendí, encontré el valor para afrontarlos. Comencé a hablar conmigo misma, como si fuera mi terapeuta. ¿Por qué te sientes así?, ¿Qué te hace sentir frustrada?, ¿Por qué esa conversación te molestó?
Reconocer los sentimientos, me permitió examinarlos con calma y sin juzgar. Ahora estoy aprendiendo a meditar, a sentarme en silencio y a tranquilizar mi mente. A veces solo escucho el ruido del refrigerador mientras pienso en las diligencias que tengo que hacer. Pero tengo ratos cuando desecho pensamientos y regreso al silencio y a la paz.
Algunas personas utilizan el término cabeza de mono para describir la charla mental que nos distrae. Yo tengo un zoológico completo en mi cabeza. Todavía lo oigo, pero no me siento derrotada por eso. Si soy paciente y no lucho contra el parloteo. Todo se aquieta y me hago más consciente de lo Divino. No he experimentado un cambio milagroso y avasallante, pero estoy mejorando. Mi progreso se desarrolla un poco más cada día al aprender a escuchar la voz correcta. Mi voz real.
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