Hubo un tiempo en mi vida en el que creía que preocuparse era una forma de responsabilidad. Pensaba que, si no me angustiaba por mi salud, mis finanzas o por todo lo que podía salir mal, no estaba siendo realista. Llevaba la ansiedad como si fuera una armadura, pero en lugar de protegerme, me desgastaba. Por fuera parecía que todo estaba bajo control: trabajaba, sonreía, cumplía con lo esperado. Pero por dentro, me derrumbaba.

No tenía ataques de pánico, pero despertaba agotado incluso después de dormir ocho horas. Contestaba con brusquedad a quienes amaba y luego me alejaba avergonzado. Me saltaba comidas sin notarlo, trabajaba demás para distraerme y decía que estaba bien cuando no lo estaba. Bebía en exceso, no por gusto, sino para escapar de lo que sentía. Todo pesaba y no sabía cómo soltarlo.

En aquel momento no tenía palabras claras para describirlo, pero estaba emocionalmente agotado, completamente exhausto en todos los sentidos. Lo que más me inquietaba no era la ansiedad, sino darme cuenta de que no recordaba la última vez que había sentido paz. Esa certeza me llevó a buscar algo más profundo.

«Escuchaba a mi voz interior y trataba, poco a poco, de suavizarla. Dejé de querer arreglarlo todo y empecé a pedir guía».

Optar por la paz

Un día, en una sala de espera, leí un mensaje de La Palabra Diaria: «Con cada respiración, elijo la paz». La frase atravesó el ruido de mi mente. Por primera vez, pensé que tal vez la paz no era algo que debía alcanzar, sino algo que podía elegir, allí mismo, incluso en medio del caos.

Ese mensaje me llevó a las enseñanzas de Unity. Empecé a leer más, al principio con lentitud y escepticismo. Encontré el Ministerio de Oración de Unity y envié una petición breve, sin saber muy bien qué pedir. Días después, recibí una nota escrita a mano que me recordaba que la paz divina estaba ya presente, aunque yo aún no lo sintiera.

Decisiones sencillas y constantes

A partir de ahí, comencé a tomar decisiones sencillas y constantes. Practiqué la oración afirmativa, aun cuando me incomodaba. Cada mañana buscaba un espacio tranquilo para estar en silencio, sin teléfono ni distracciones. Leía La Palabra Diaria todos los días, escribía un diario, escuchaba a mi voz interior y trataba, poco a poco, de suavizarla. Dejé de querer arreglarlo todo y empecé a pedir guía.

El cambio no se produjo de la noche a la mañana. Pero un día, me di cuenta de que ya no reaccionaba con dureza tan seguido con mis seres queridos. Empecé a dormir mejor. Sonreía y lo hacía de verdad. Sentía momentos de calma sin necesidad de que nada tuviera que ser perfecto. Comencé a confiar de nuevo en la vida, no porque fuera predecible, sino porque ya no me sentía solo en ella.

Unity no me ofreció una solución rápida, sino un regreso lento y constante a mí mismo. El cambio me salvó de continuar en ese agotamiento silencioso que había comenzado a robarme la alegría de vivir. Me enseñó a rendirme, a confiar y a recordar que sanar no significa que nada vuelva a doler; sino que algo más grande y profundo te sostiene en medio de todo.

Hoy en día, la ansiedad aparece de vez en cuando, pero ya no vivo desde ella. Vivo desde la confianza, en paz. Y cada vez que abro La Palabra Diaria, recuerdo que hay una luz dentro de mí que nunca se apagó, solo necesitaba espacio para volver a brillar.


Acerca del autor

Felix Lilly es escritor y buscador espiritual. Su camino hacia la sanación y la paz ha sido inspirado por las enseñanzas de Unity y la serena sabiduría de las pequeñas prácticas sagradas. Vive en Portland, Oregon.


Herramientas espirituales que inspiran. Manual de Oracion Positiva
Productos de Unity

Lo mejor de Unity

Envío gratuito en compras en línea superiores a $50.



Más como este