Crecer junto con tus hijos

Como adultos, es muy probable que conozcamos bien la sensación de no merecer lo mejor que la vida tiene para ofrecer. Quizá hayamos luchado durante años para abrazar nuestra divinidad innata y las bendiciones que surgen al reconocer que somos parte de Dios y que Dios es parte de nosotros. ¿Sabes qué? Este instante es perfecto para romper ese ciclo de una vez por todas. No solo por nosotros, sino también por quienes nos siguen.

A menudo se dice que enseñamos mejor aquello que necesitamos aprender. Pero va más allá: la enseñanza más poderosa para los niños surge cuando los adultos nos involucramos activamente en nuestro propio crecimiento. Al abrirnos a esta travesía de sanación, nos convertimos en ejemplos vivientes de transformación. Así, los niños pueden aprender, en tiempo real, prácticas valiosas para florecer junto a nosotros. 

He reunido sugerencias comprobadas para iniciar este recorrido. Es posible dar cada paso en compañía, compartiendo emociones y triunfos en el camino. Este proyecto se enriquece cuando se emprende en comunidad, con personas de todas las edades. Las perspectivas intergeneracionales nutren la experiencia y la hacen más amena. Como dice el refrán: «¡El trabajo en equipo hace realidad los sueños!». 

Reúne a tu equipo y establezcan la intención compartida de sanar todo aquello que les impida sentirse merecedores. Después de revisar las herramientas y prácticas a continuación, elijan una o dos para practicar durante una semana. Reúnanse periódicamente y anímense mutuamente frente a las dificultades. Cada semana, incorporen nuevas prácticas o ajusten las que ya usan. Cuando hayan probado todas, conserven las que les funcionen y creen juntos otras nuevas. 

Al incluir conscientemente a los niños en el diseño de sus propias oportunidades de crecimiento, ellos ganan seguridad y autonomía. Las limitaciones percibidas se disipan, y avanzan a pasos agigantados con una alegre confianza.

Herramientas y prácticas para fortalecer el merecimiento

Comienza o profundiza tu práctica de oración afirmativa. 
La oración no es para obtener lo que nos falta, sino la afirmación consciente de que vivimos en un universo de dones infinitos, donde todo lo destinados para nosotros se manifiesta con claridad y fluidez en el momento oportuno. 

Busca lo bueno. 
Aquello en lo que ponemos nuestra atención se expande. Es cierto que a veces ocurren situaciones que preferiríamos evitar. Las reconocemos cuando aparecen, hacemos lo que está en nuestras manos para transformarlas y luego elegimos dirigir nuestra atención consciente hacia las maravillas que se despliegan a nuestro alrededor. Cuando buscamos motivos para celebrar, ellos se hacen presentes. 

Toma nota. 
Haz listas de todo lo que refuerce tu sentido de valía: tus talentos, recursos para los momentos de duda, aquello  que te hace reír, lo que amas, fotos o recuerdos preciados, bendiciones recibidas, frases inspiradoras… y tenlas siempre a mano como ancla a tu esencia. 

Haz algo por otra persona. 
Servir es una manera poderosa de sentir gratitud por ti mismo y por la vida. Encuentra una causa que ames y apóyala de la forma que puedas. Pronto descubrirás que recibes mucho más de lo que das, simplemente al compartir tu tiempo, talentos y recursos con personas que comparten tus valores y te llenan de alegría. 

Cultiva la compasión. 
Comienza desde tu interior. Encuentra al menos tres cosas que amar en cada persona y situación que se cruce en tu camino. ¿Te sientes valiente? ¡Exprésalo! Empieza contigo y no temas ir más allá. La compasión y el cuidado son contagiosos. Ayudan a construir un mundo en el que deseamos vivir y crecer. Permite que el amor que sientes llene cada rincón. Si tres cosas te vienen fácil, busca cinco o incluso diez. 

Vuelve a tu centro. 
Cada día trae sus propios desafíos a nuestra autoestima. Si notas que no te sientes merecedor, no solo recuerdes que Dios habita en tu interior: ve ahí. Vuelve a la conciencia de la Fuente Divina cada vez que sientas que te has descentrado. Haz una pausa, aunque sea breve. Cierra los ojos si lo deseas, y respira profundo. Reconoce que estás inhalando el mismo aliento de Dios. Permite que expanda tus pulmones, renueve tu cuerpo y aclare tu visión, al tiempo que reestablece tu perspectiva. Exhala en claridad y bondad. Respira cuantas veces necesites, hasta sentirte renovado y abierto a recibir, y afirma: Yo soy el aliento de Dios, y Dios es mi aliento. Soy tan único como he venido a ser. 

Una oración para que todos los niños se sientan merecedores

Con una respiración consciente, afirmo que Dios está en mí y yo estoy en Dios. Esta verdad también vive en cada niño de mi vida y del mundo. Abro mi corazón y mi mente para recibir lo más elevado y bondadoso, todo lo nutre mi bien mayor. Reconozco que cada ser es digno de las más ricas bendiciones, y con gratitud me dispongo a recibirlas. 

Oración familiar para afirmar nuestro merecimiento

Al comenzar con una respiración consciente, nos turnamos para compartir algo por lo que sentimos gratitud y algo que valoramos de cada miembro de la familia—ese don único y maravilloso que cada uno ofrece a nuestro hogar y al mundo. Al finalizar, digamos juntos: ¡Por todo esto y mucho más, damos gracias! 

Juntos afirmamos:

Todos los niños son bienvenidos a orar con los asociados del Ministerio de Oración de Unity.

Para oración, llamar al:
1-816-969-2020

Internacionales
01-816-969-2020

Envía tus solicitudes de oración a:

Ministerio de Oración de Unity
1901 NW Blue Parkway
Unity Village, MO 64065

Versiones en español


Acerca del autor

Rev. Trish Yancey se desempeña como líder espiritual en Unity of Sebring, Florida. Ella es autora del libro en inglés The Heart of Prayer (El corazón de la oración) y otros libros para niños.


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