Dejar ir
Dejo ir y permito que la Vida Divina se lleve a cabo por medio de mí.
Este es un extracto del folleto de Unity Momentos de consciencia plena: encontrar la paz, encontrar el sentido. El folleto es una recopilación de mensajes de La Palabra Diaria® de años anteriores, acompañados por nuevos artículos escritos por ministros de Unity sobre los mismos temas, así como meditaciones para usar en momentos de quietud. En este escrito, la Rev. Claudia Olmos reflexiona sobre las lecciones que aprendió al dejar ir, inspiradas por el recorrido de su madre con el Alzheimer.
La frase «dejar ir y dejar a Dios actuar» es más que una afirmación efectiva. Es un modo de vida. Cuando los problemas o los retos surgen, decido conscientemente verme en unidad con la vida divina. Dejo ir mi apego a un problema y doy paso a una solución espiritual. Así es como verdaderamente dejo ir y dejo a Dios actuar.
Dios vive en mí y fluye libremente por medio de mí —es mi camino hacia la libertad, la abundancia, la paz y la armonía. Si permito que el miedo, la duda o la frustración me asalten, entonces bloqueo el fluir de la vida de Dios. El dejar ir me vuelve receptivo al poder de la respiración, la comprensión, la sabiduría y el amor. Vivo en unidad con Dios.
Para que Jehová, tu Dios, nos indique el camino por donde debemos ir y lo que debemos hacer.—Jeremías 42:3
Sentir es el primer paso para soltar
Con el tiempo, comprendo cada vez más la profunda importancia de dejar ir. Una de las lecciones más significativas que estoy viviendo surge del viaje de mi madre con el Alzheimer. A través de ella, estoy aprendiendo el arte de soltar.
Mi madre fue una mujer exitosa, querida por muchos, siempre rodeada de amigos y en constante búsqueda de crecimiento personal. Cuando comencé a notar los cambios en ella, me di cuenta de cuánto me había aferrado a ciertos aspectos de su personalidad. Sentí una profunda tristeza al verla transformarse. Ya no era la líder de su comunidad empresarial, donde antes brillaba con naturalidad. Los amigos que la rodeaban se habían alejado. Su apariencia y su forma de comunicarse también cambiaban rápidamente. ¿Dónde estaba la madre que conocía?
Con cada inhalación, imagino el amor sanador de Dios llenándome por completo. Con cada exhalación, me visualizo liberando todo lo que ya no me beneficia.
Una noche, en medio de una reflexión reveladora, comprendí una verdad fundamental: la esencia espiritual de mi madre permanece intacta. Nada puede alterar su auténtica naturaleza. Decidí aferrarme a esta verdad y valorar cada momento presente con ella. Ahora aprecio las expresiones más genuinas de su ser: su amor por el canto, que siempre ha sido parte de ella, y la risa que aún llena de alegría cada espacio. También valoro cada abrazo y el privilegio de estar a su lado cuando la visito.
Mi madre se ha convertido en mi maestra en este viaje que los tanatólogos llaman duelo anticipatorio, un proceso marcado por emociones cambiantes y sentimientos de pérdida que surgen y se desvanecen. Algunas de estas emociones me han parecido irracionales, pero he aprendido a reconocerlas como parte natural del duelo. Lo esencial no es juzgarlas, sino sentirlas y permitir que fluyan a través de mí.
Soltar las emociones va más allá de decir las dejo ir. Para liberarlas verdaderamente, es necesario sentirlas plenamente, incluso cuando no parecen tener sentido. En lugar de reprimirlas o evitarlas, permitir que las emociones se expresen a través del cuerpo facilita su liberación. Cuando nos abrimos a sentir sin resistencia, el proceso de dejar ir se vuelve más natural y sanador.
El duelo anticipado por mi madre me ha enseñado a soltar con la mente, el cuerpo y el alma cualquier experiencia de tristeza o pesar. Ya sea una decepción, un momento de falta de perdón o un acontecimiento inesperado, ahora me permito sentir cada emoción con apertura y luego liberarla, lo que me deja en un estado de paz, serenidad y gratitud por lo vivido.
Dejar ir no es solo una práctica espiritual, es también un acto profundo de amor incondicional—hacia quienes amamos y hacia nosotros mismos.
Meditación sobre dejar ir
Dejar ir es un acto de amor. Al permitir que la luz sanadora del espíritu fluya en mí, regreso a mi estado natural de paz.
Soltar implica rendirme y abrirme a la guía divina para reconocer aquello que necesito liberar, ya sea de manera consciente o inconsciente. Al acoger esta guía en mi interior, me permito reconocer mis emociones, situaciones incómodas, resentimientos y expectativas, confiando en que el amor restaurador de Dios los disolverá.
Con cada inhalación, imagino el amor sanador de Dios llenándome por completo. Con cada exhalación, me visualizo liberando todo lo que ya no me beneficia. Al centrarme en mi respiración, recuerdo que soltar es parte natural de la vida. Con cada liberación, surge en mí una renovada sensación de paz y calma.
Siento el espíritu de Dios renovándome, abriendo mi corazón a una visión más amplia de la vida. Me nutro al dejar de dar poder a situaciones pasadas que no contribuyen a mi bienestar. Hoy me entrego con confianza a Dios y descanso en la paz del amor divino y la serenidad.
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