En los silenciosos rincones de mi viaje de sanación, Shanti, un pequeño perro salchicha miniatura de 4 kilos con una fascinación por los lacitos y los pañuelos de colores, apareció como mi inesperada fuente de sabiduría espiritual, alegría y sanación.  Mezcla perfecta de travesuras y amor incondicional, me ha enseñado lecciones profundas a través de sus cómicas travesuras y su pacífica presencia. Hace algunos años, perdió su ojo izquierdo debido a una infección, pero nunca me separé de él. Esta es la historia de cómo, tras recibir un diagnóstico inesperado, él nunca se separó de mí. 

Shanti tiene un talento único para encontrar la alegría en los momentos más cotidianos. Una de sus peculiaridades es bailar al ritmo de una música que solo él escucha. Cuando se deja llevar por una melodía imaginaria, se pasea por la habitación, moviendo la cola como si me invitara a unirme a su danza. Su alegre entrega me recuerda que, incluso en medio de las dificultades, siempre hay espacio para la risa, la espontaneidad y, por qué no, una fiesta improvisada. 

Shanti también tiene sus propias reglas para jugar a buscar la pelota. A diferencia del juego tradicional, en el que el objetivo es devolverla, él persigue la pelota con entusiasmo, se lanza sobre ella y luego disfruta de su propia compañía, jugando solo. Me ha enseñado a abrazar la creatividad y a disfrutar del proceso, sin obsesionarme con el resultado. 

La alegría en la sanación

Una noche tranquila, mientras me envolvía en mantas, Shanti decidió sorprenderme. Con una mirada traviesa, se escondió debajo de las sábanas a mi lado, desapareciendo de mi vista. Poco después, asomó su cabeza, moviendo la cola con entusiasmo, como si dijera: «¡Te atrapé!». Su espíritu juguetón me hacía sonreír, recordándome lo esencial que es el juego en la sanación. 

A small brown dog with one eye and a black and red bowtie

El amor incondicional de Shanti ha sido un bálsamo constante en mi vida. Durante los días más difíciles, llenos de citas médicas, se acurrucaba junto a mí, su calor y su presencia calmaban mi espíritu agotado. Su capacidad de ofrecer consuelo sin palabras me recordó el poder de la compañía silenciosa y la sanación que proviene del amor.

Esperanza y resiliencia

Gracias a su compañía, encontré respiro y alegría entre los retos. Sus juegos y bailes se convirtieron en símbolos de esperanza y resistencia. Me enseñó que la sanación no solo es física, sino también un proceso espiritual, donde la alegría de los pequeños momentos puede alimentar el alma, sin importar las circunstancias. 

Hoy, mientras reflexiono sobre mi viaje, agradezco la sabiduría que Shanti me ha brindado. Su amor incondicional y su naturaleza traviesa me han enseñado a abrazar la vida plenamente, a encontrar la risa en lo inesperado y a valorar la belleza de la compañía. Las huellas de sus patas y el movimiento de su cola siguen grabadas en mi corazón, como testamento del profundo impacto de una mascota en nuestras vidas y del poder curativo del amor incondicional, la risa y la alegría. 


Este artículo apareció por primera vez en el folleto de Unity, La sabiduría espiritual de las mascotas.


Acerca del autor

La Rev. Kathy Beasley es ministra principal en Unity Spiritual Center, Florida, y manager principal del Ministerio de Oración de Unity.



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