Imagina por un instante cómo debieron sentirse quienes llegaron a la tumba vacía aquella mañana de Pascua. Después de tres días de inmenso dolor, los que más amaban a Jesús aguardaban con la expectativa del cumplimiento de su promesa. No es de extrañar que se reunieran antes del amanecer para encontrarse una vez más con su amado maestro. Imagina la sorpresa en sus corazones al ver la piedra removida y el sepulcro vacío, con solo unos lienzos funerarios cuidadosamente doblados como único testimonio de lo ocurrido.

El último acto del ministerio de Jesús fue mostrarnos, con su ejemplo personal, lo que realmente significa renacer. Nos dejó un modelo, un patrón divino que revela el ciclo de evolución de la conciencia y la expresión espiritual.

¿Acaso imaginaron alguna vez que la nueva vida se manifestaría de un modo tan diferente a lo que esperaban? Esta es la reflexión que se nos invita a contemplar en esta Pascua.

Renacer

El último acto del ministerio de Jesús fue mostrarnos, con su ejemplo personal, lo que realmente significa renacer. Nos dejó un modelo, un patrón divino que revela el ciclo de evolución de la conciencia y la expresión espiritual.

El evangelio de Lucas 9:22 afirma: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, que sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que muera y resucite al tercer día».

En otras palabras, nuestra expresión divina en forma humana está llamada a transformarse y resurgir una y otra vez. Dejaremos atrás antiguas ideas e instituciones que alguna vez nos definieron. Romperemos nuestro propio statu quo para abrirnos a una comprensión más profunda de la Verdad de nuestro origen. Y en ese proceso, puede que nos sintamos como si hubiéramos perdido todo, aislados en la oscuridad de nuestra propia tumba interior.

Las Escrituras también registran que Jesús afirmó que somos capaces de hacer todo lo que él hizo, y aún cosas mayores (Juan 14:12). Esta es la verdad que celebramos en la Pascua: el poder de superar, de perseverar y de elevarnos hacia una nueva expresión.

La resurrección como modelo

Permite que el significado de esta mañana resuene en tu experiencia personal. ¿En qué momentos de tu vida has perdido algo valioso, quedando frente a un aparente vacío? ¿Te has encontrado en el umbral de algo nuevo, no porque lo planearas, sino porque la vida movió una piedra que no imaginabas poder desplazar?

La Pascua nos recuerda que la resurrección no es un acontecimiento aislado. Es un patrón divino tejido en lo más profundo de nuestro ser. Esta mañana sagrada nos revela que la tumba nunca es el final de la historia. Incluso en los instantes de mayor incertidumbre y entrega, el Espíritu ya está obrando: liberando lo que ya no nos beneficia, guiándonos hacia nuevas posibilidades y despertando en nosotros una vida renovada, quizá de formas que aún no hemos imaginado.


Este artículo apareció por primera vez en el folleto Cuaresma 2026: Soltar y reimaginar.


Acerca del autor

La Rev. Maggie Alderman es directora del Ministerio de Oración de Unity, conocido como Silent Unity.



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