Uno de los mayores dones espirituales que se nos ha concedido es la capacidad de transformar nuestra perspectiva. Incluso cuando la vida no se desarrolla según nuestros planes, oraciones o expectativas, no estamos desprovistos de poder. Podemos elegir ver las cosas de otra manera, replantear nuestra experiencia y adoptar una visión más profunda y espiritual. La Cuaresma nos invita a soltar viejas historias y a despertar nuestras facultades divinas, en especial el poder de la imaginación.

La imaginación no es solo un recurso para soñar; es una herramienta de transformación. Cuando se enciende con fe y se guía con amor, se convierte en una facultad sagrada que nos permite cocrear nuevas realidades. En lugar de dejar que nuestra imaginación caiga en espiral hacia el miedo, la preocupación o el pesar, podemos usarla para visualizar lo posible, incluso en medio de la adversidad.

«Durante esta sagrada temporada de Cuaresma, estamos llamados a «tachar» creencias falsas y a soltar los pensamientos erróneos que nos mantienen atados a la separación. Se nos invita a volver a …el santuario interior donde mora el Espíritu».

Volver al interior

A veces la decepción se siente abrumadora. Los planes se desmoronan y las oraciones parecen no ser respondidas. Nuestra reacción humana puede ser retirarnos, sentir desánimo o rendición. Sin embargo, si nos volvemos hacia nuestro interior y escuchamos el silencio de nuestro corazón, emerge una verdad mayor: nunca estamos solos. El espíritu siempre está presente, invitándonos a contemplar con una percepción renovada.

Jesús nos mostró este ejemplo durante su crucifixión. Aunque enfrentó traición y sufrimiento, nunca perdió la fe. Se volvió hacia su interior en oración y se apoyó en su identidad divina con valentía, compasión y entrega. Vio más allá de la cruz, hacia la transformación que la vida ofrece. Su experiencia nos enseña que el dolor nunca es la última palabra, sino un camino hacia la renovación interior.

Soltar nos libera

Durante esta sagrada temporada de Cuaresma, estamos llamados a «tachar» creencias falsas y a soltar los pensamientos erróneos que nos mantienen atados a la separación. Se nos invita a volver a lo que el cofundador de Unity, Charles Fillmore, llamó «la sede central»: el santuario interior donde mora el Espíritu. En esa quietud, recordamos quiénes somos realmente: seres espirituales, íntegros y santos, dotados del poder de elevarnos.

Esta es también nuestra historia de renacimiento espiritual. Al soltar patrones obsoletos y apegos del ego, abrimos espacio para que brille la luz del Cristo en nuestro interior. Cuando dejamos de resistirnos a lo que es y aceptamos plenamente el momento presente, se abre un nuevo camino. La aceptación no es pasiva; es el terreno fértil donde crece la paz. La resistencia nos mantiene estancados; la rendición nos libera.

Incluso en los momentos más oscuros, podemos hallar refugio en la oración, el silencio y la comunión con Dios. Seguimos el ejemplo de Jesús: no ignoramos el caos, sino que nos anclamos en la verdad divina. Recordamos que el cielo no es un lugar lejano, sino un estado de conciencia que podemos encarnar aquí y ahora.

Que esta temporada sea una verdadera renovación espiritual. Soltemos el control, el peso de la decepción y el dominio del miedo. En su lugar, cultivemos nuestra vida interior con compasión, reflexión y fe inquebrantable.

Al reimaginar nuestras vidas desde la perspectiva del Espíritu, recuperamos nuestro poder de transformación: de la separación a la unicidad, del dolor a la gracia, de la resistencia a la paz. Al hacerlo, preparamos nuestros corazones para el milagro de la Pascua.


Este artículo apareció por primera vez en el folleto de Unity, Cuaresma 2026: Soltar y reimaginar.


Acerca del autor

La Rev. Elizabeth Longo es coach y consultora ministerial en el sur de Florida.


Rev. Elizabeth Longo

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