En varios países del mundo se celebra el Día de la Madre durante el mes de mayo. Un día especial para honrar y reconocer el amor maternal. El amor es la fuerza más poderosa y transformadora que existe, y el de una madre es una demostración natural y pura del amor divino.

Según crecía tuve varios ejemplos de madre que formaron mi visión del mundo. Hoy quiero compartir el amor que recibí de mi abuela materna, Marina. Como reza el dicho: “Dios rompió el molde después de que la creó. Hasta el día de hoy yo no he conocido a nadie como ella.

Desde que vino al mundo marchó a su ritmo y con su propio tambor. Ella nació prematuramente en Managua, Nicaragua, en 1920, con solo seis meses de gestación. Su mamá, murió en el parto. La partera se la entregó a mi bisabuelo para que la enterrara.

Su papá, José, se la llevó a casa. Él podía ver que ella respiraba bien. Mandó a calentar unas piedras grandes e hizo un círculo con las piedras y telas, la puso en su sombrero y la situó en el centro. Estuvo pendiente de que las piedras mantuvieran una temperatura estable. Mandó averiguar si había alguien cerca que pudiera amamantarla, y una nodriza vino a la casa.

Pasaban los días y, parafraseando al profeta Isaías, La niña crecía y se fortalecía y la gracia de Dios estaba con ella.

Sobrevivió. Pienso que el amor y la determinación de su papá preservaron su vida. Cuentan mi mamá y mis tías que mi bisabuelo se la llevaba adónde iba. Su postura no era la de un hombre con negocios de tabaco y perfumes. Yo nunca he escuchado, visto o leído de un hombre que se ha llevado a su bebé (y una nana) en viajes de negocios.

Todos sus nietos la adoramos y admiramos los muchos talentos que tenía. Ella podía crear un vestido de novia con solo ver la foto, cocinar deliciosamente para cuarenta personas o más, mantener una posada, y era experta jugando dominó.

Mantuvo un balance entre su lado femenino y masculino en una época en la que no era bien visto hacerlo porque las niñas tenían que comportarse de cierta manera. Con ella no tenías que tratar de adivinar lo que estaba pensando, no tenía filtro. También creó un lenguaje especial que utilizaba con sus tres hijas y 12 nietos. Hasta el día de hoy intercambiamos frases que nos dijo específicamente a cada uno y nos reímos hasta que nos duele el cuerpo. Mi mamá me dijo: “Ella fue mejor abuela que madre”.

Para ella, no era posible que yo hiciera algo malo. Si alguien (hermanas o primos) le decía que yo había hecho algo incorrecto, mi abuela respondía: “Alguna razón tendrá”. Escribiendo esta carta me acabo de recordar algo que pasó cuando me vino a visitar a Kansas City en 1986. Íbamos para el centro comercial y, al llegar, tomé la entrada incorrecta (yendo contra el tráfico). Le dije: “Abuela me metí mal”. Ella responde, “No, mi niña, vamos lindo”. Ni titubeaba. Para ella yo nunca iba a cometer un error; siempre me dio amor incondicional. Ese es amor maternal: Ve lo mejor en nosotros, instila en nuestro corazón sueños y en nuestras mentes posibilidades.

Mi deseo para ustedes es que sean vistos, oídos y amados con amor maternal —plenamente y sin medida. Y, si creen haber cometido un error: “No, mi niña(o), vamos lindo”.

Acerca del autor

La Rev. Adriana Segovia ha trabajado en la Sede Mundial de Unity durante más de 30 años como editora y estratega en español de La Palabra Diaria y más. Fue ordenada por Unity en 2002 y tiene una maestría en administración de empresas de la Universidad de Baker.

Headshot Rev. Adriana Segovia, Pink Shirt

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