Me encantan las historias de amor. Me gustan en canciones, poemas, libros y, especialmente, en películas. No importa cuán sentimental sean, me encantan. Sin embargo, recientemente pude recordar una de las mejores historias de amor: la mía.

Como mi regalo de Navidad, mi esposo preparó un video con escenas de nuestra boda y recepción, añadiendo imágenes y filmaciones de cuando me propuso matrimonio. Algunas no las había visto antes, otras las había olvidado en los años transcurridos desde nuestra boda. Boda. Todo estaba como lo recordaba: la iglesia, mi vestido, las flores y el pastel, y el día frío y gris en San Francisco.

Fue extraño vernos y ver a nuestros amigos y familiares, sabiendo ahora cómo cambiarían nuestras vidas años después. Algunos de nuestros invitados ya han fallecido. Algunas familias han cambiado debido al divorcio, mientras que otras han crecido con nuevos miembros.

Mientras veía el video, noté algo que no había observado antes. Presté especial atención a nuestros invitados. Los vi sentados en la iglesia, interactuando durante la recepción, brindando por nosotros y compartiendo lo que mi esposo y yo significamos para ellos. Incluso, algunos compartieron detalles de sus historias de amor. Decían cosas diferentes, pero todos tenían algo en común: Nos amaban. Podía verlo en sus ojos y escucharlo en sus voces. Todos resplandecían con la luz del amor.

Resplandecer con la luz del amor

Este resplandor afable sucede cuando el amor lo impregna todo y nos entregamos y sumergimos por completo en él. Ciertas ocasiones se prestan para ello: bodas, nacimientos y bautizos, incluso funerales. Cada vez que nos reunimos en nombre del amor y dejamos que nos llene, nos enamoramos.

Mas las situaciones no son las que crean el amor. El amor siempre está allí, a menudo oscurecido por el caos de nuestras vidas, el ajetreo de nuestros pensamientos; enterrado bajo capas de preocupaciones y distracciones. Sin darnos cuenta, gradualmente caemos en patrones y hábitos, rutinas y horarios. Nos amamos, pero no de una manera cautivadora. Mas cuando suscitamos el amor a través de la atención y la intención, éste se apodera de nuestros pensamientos, da color a nuestras palabras y acciones e inunda nuestros sentimientos. Entonces, el amor se convierte en el lente a través del cual no solo vemos nuestras vidas, sino toda la vida.

No es necesario esperar por una ocasión especial como el Día de San Valentín o un evento importante para reavivar el amor. Es posible vivir en amor por más tiempo, comenzando ahora mismo.

Puedes enamorarte una y otra vez. Sólo se necesita compromiso y un poco de práctica. Puedes ver a las personas en tu vida con nuevos ojos. Puedes tomar tiempo para notar y apreciar profundamente su inteligencia, talento y energía. Escucha de nuevo las historias que has escuchado 20 o 30 veces como si lo hicieras por primera vez. Redescubre la magia, encuentra el encanto, la belleza y el humor que, con demasiada frecuencia, se ven empañados por los ritmos rutinarios y las molestias que se infiltran en la vida.

Déjate cautivar por quienes ya están en tu vida. No tienes que esperar ir a una boda y, ciertamente, no debes esperar ir a un funeral para hacerlo.

Cuanto más lo hagas, más fácil será para ti. Y toda tu vida se convertirá en la mejor historia de amor que hayas conocido.

Acerca del autor

La reverenda Teresa Burton es ministra ordenada de Unity y maestra licenciada de Unity. Burton, es una oradora dinámica e instructora creativa, hace que las enseñanzas de Unity sean fáciles de entender y divertidas de aprender. Antes de responder al llamado al ministerio, trabajó como editora durante más de 25 años en varios puestos en publicaciones impresas y digitales.

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