Cuando todo en el mundo parece perdido, me vuelvo hacia la espiritualidad. La espiritualidad debe ser practicada en el contexto del mundo físico en el que vivimos para que sea relevante.

Los maestros espirituales que admiramos vivían acorde con sus enseñanzas. Así como dedicaron tiempo en oración y meditación, también enseñaron, sanaron y guiaron comunidades. Nuestra espiritualidad debe servirnos tanto en tiempos de contemplación como en tiempos de trabajo.

La espiritualidad nos llama a discernir lo que nos corresponde hacer en lugar de dictar lo que debemos hacer. En nuestro tiempo de tranquilidad, buscamos la guía en nosotros. Aprendemos a reconocer y a descartar las voces que son un grito del ego o un susurro temeroso en un rincón de nuestra mente.

La espiritualidad nos llama a dar lo que nos corresponde dar y a servir donde se nos lleve a servir, sin saber los efectos en cadena de cada acto.

Cuando la guía se hace clara acerca de la acción que realmente estamos llamados a tomar, la espiritualidad nos da el valor y la fortaleza para actuar sobre nuestras creencias de manera que coincidan con nuestras habilidades.

La espiritualidad es la base sobre la que nos apoyamos a medida que nos convertimos en agentes de cambio. El mundo está en constante cambio, pero ¿qué cambios aceptamos y cuáles tratamos de transformar? Esta paradoja nos saluda cada día, y cada uno escucha una respuesta única. Algunos seremos llamados a la justicia social y otros a servir a los demás.

Dando lo que nos corresponde dar

El mundo puede ser abrumador. Soy solo una de siete mil millones de personas. Vivo donde vivo, sé lo que sé y puedo hacer lo que puedo hacer.

Los maestros espirituales a través de la historia y aun aquellos que hoy usan internet, nunca han podido llegar a todos. Servimos donde estamos, utilizando lo que tenemos disponible. Sin embargo, el mundo es un sitio diferente debido a lo que aportamos.

Puede parecer imperceptible, pero el universo lleva la huella de cada ser. La espiritualidad nos llama a dar lo que nos corresponde dar y a servir donde se nos lleve a servir, sin saber los efectos en cadena de cada acto.

Solo porque no seamos capaces de hacerlo todo, no significa que descuidemos lo que sí podemos hacer. Solo porque yo sea una sola voz, no es razón para no decir palabras de amor y Verdad.

No estamos solos. No solo hay siete mil millones de personas más, existe una energía divina eterna y unificadora disponible para cada uno de nosotros. Es a través del poder de lo eterno e inmutable que, somos capaces de anclarnos a nosotros mismos en las mareas revueltas del día a día. A cada momento, usamos nuestras etiquetas de alegría y tristeza, de victoria y derrota e incluso de vida y muerte.

Ya sea que perciba que la marea está subiendo o bajando, confío en la evolución ascendente de la conciencia para mover a la humanidad más allá de sus etiquetas en dirección al amor.

Yo estoy aquí para ser la expresión radiante y única del Espíritu para la que fui creada, haciendo lo que me corresponde hacer, dando lo que me corresponde dar y encontrando la belleza en cada día con un corazón agradecido.

Acerca del autor

La Rev. Joy Wyler escribe, enseña y sirve como miembro de la junta directiva en la Sede Mundial de Unity. Tiene su blog en radicalwholeness.blog.

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