Aprendiendo a escuchar
Hace poco más de una década, durante mis prácticas en Unity Magazine, me encontré con expresiones que, desde mi formación luterana en el Medio Oeste, me resultaban completamente ajenas. Frases como «sincronía divina» o «sabiduría interior» me parecían, en ese entonces, algo esotéricas. No estaba convencida de su veracidad. Con el paso del tiempo, mi perspectiva se fue abriendo.
En 2023, tras varios años de agitación —a nivel global, nacional y personal—, me sentía sin salida. Estaba en una encrucijada, quizá incluso en varias a la vez, sin saber con claridad qué camino tomar.
El negocio por cuenta propia, que había construido durante más de cinco años, se sentía estancado. Una relación romántica prometedora terminó de forma abrupta y dolorosa. Mi apartamento, el pequeño refugio que había creado tras divorciarme, comenzaba a mostrar signos de deterioro que la administración encargada del edificio parecía ignorar. Sabía que necesitaba un cambio, pero me aterraba hacer algo diferente. Había vivido tanto tiempo con esa ansiedad que llegué a aceptarla como algo normal, en lugar de reconocerla como esa voz interior que insistía en llamar mi atención. Y, en el fondo, eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.
Días después de confiarle a mi hermana que quizá había llegado el momento de dejar el trabajo por cuenta propia, supe que uno de mis clientes favoritos buscaba un revisor de textos. Postulé y, poco después, comencé a trabajar a tiempo completo con el equipo de Unity. Realmente se sintió como una sincronía divina. Aún más cuando uno de mis primeros encargos fue colaborar en la revisión final del hermoso libro sobre el centenario de La Palabra Diaria en inglés, 100 Years of Daily Word (Unity Books, 2023).
Fue una alegría recorrer tantos mensajes del siglo pasado, cuidadosamente entrelazados. Mi tarea era leer cada uno con atención, en busca de pequeños errores tipográficos que pudieran haberse escapado. Pero en ese proceso recibí algo más profundo: recordatorio tras recordatorio de que mis pensamientos crean mi realidad, de que afirmar lo bueno en mi vida abre espacio para más bien y de que confiar en una presencia divina es reconocer que siempre estoy sostenida.
Limpiando los armarios
Así que escuché cuando, poco después de comenzar el nuevo trabajo, surgió en mí un impulso claro: limpiar todos mis armarios. Actué sin demora y me despedí de bolsas llenas de ropa que ya no usaba, pequeños electrodomésticos olvidados, recuerdos de relaciones pasadas y cajas de libros que probablemente nunca leería. Al hacerlo, sentí una liviandad que no experimentaba desde hacía meses.
Un par de semanas después, cuando mi vecina del piso de abajo me envió fotos del moho creciendo en su techo, no dudé. Informé al propietario de mi decisión de rescindir el contrato, encontré un nuevo lugar al que mudarme antes de que terminara la semana y organicé la mudanza. Pronto estaba sosteniendo las llaves de un hogar que parecía responder a lo que había anhelado: un porche con espacio para dos sillas, un dormitorio en esquina con luz natural y una cocina con más de un cajón. Lo que antes parecía desmoronarse comenzó a revelarse como un proceso en el que todo encontraba su lugar.
Esto no significa, por supuesto, que todo sea perfecto. Incluso los cambios positivos traen desafíos, y no recomendaría una mudanza urgente pocas semanas después de iniciar un nuevo trabajo. Pero ya no me siento atrapada.
Ahora hay espacio: espacio para respirar más profundo, para crecer y para reconocer más bien en mi vida.
Al mirar atrás, me asombra reconocer cómo cada paso condujo a este momento. Incluso cuando me sentía más perdida, buscando una señal —cualquier señal—, en realidad ya sabía lo que necesitaba hacer. Ese conocimiento interior, que Unity me reveló años atrás, había estado presente todo el tiempo, guiándome con suavidad a pedir ayuda, a abrazar el cambio y a confiar en el ritmo perfecto de mi vida.
Este artículo apareció en la revista Unity Magazine®.
Lo mejor de Unity
Envío gratuito en compras en línea superiores a $50.




