Enseñanzas de Unity sobre la prosperidad
La prosperidad es un principio espiritual
Los fundadores de Unity enseñaron que existe un fluir eterno de abundancia en el universo, y que todos somos parte de él. Podemos tomar de ese fluir todo lo que deseemos, y nuestras necesidades siempre serán suplidas. Solo debemos creer.
No se trata de creer en Dios o en Jesús, sino en el principio de la prosperidad: en que el bien está siempre disponible para nosotros. Contempla la abundancia del mundo natural: las flores se multiplican, los árboles brotan con incontables hojas, y el cielo nocturno está tan colmado de estrellas que aún no las hemos descubierto todas. La misma abundancia puede manifestarse en nuestra vida, pero puede verse obstruida por nuestras dudas, temores o por enfocar la atención en lo que percibimos como carencia.
En 1934, durante la Gran Depresión, en la revista Weekly Unity se publicó: «Muchas personas colocan obstáculos en el camino de su buena fortuna al hablar de tiempos difíciles y entregarse al temor y la preocupación. La prosperidad no se materializa en una atmósfera así». Por difícil que parezca, nuestra labor es creer en un mundo rebosante, sin importar las circunstancias.
Esta práctica requiere un trabajo interior profundo, donde disolvemos creencias arraigadas como que el dinero es difícil de obtener o que estamos a merced de fuerzas externas. Reemplazar estos filtros por una visión clara de abundancia es clave para experimentar la prosperidad.
«Empieza ahora mismo a hablar de la abundancia, pensar en la abundancia, dar gracias por la abundancia», escribió Myrtle Fillmore, quien fundó Unity junto con su esposo Charles. «Vuelve la energía de tu pensamiento a ideas de abundancia, y tendrás abundancia, no importa que la gente que te rodea este diciendo».
Aceptar que algo dentro de nosotros pueda estar limitando nuestro bien puede resultar difícil cuando no podemos pagar las cuentas, el dinero no fluye o el mundo parece atravesar dificultades económicas. Algunas personas se burlan de la idea de vivir en un universo abundante.
Considera cuán poderosa puede ser esta enseñanza. Si notamos carencia en nuestra vida, podemos transformarla. En lugar de preguntarnos ¿Por qué me está pasando esto?, podemos comenzar a examinar: ¿Qué en mí está limitando mi bien? Esta práctica requiere un trabajo interior profundo, donde disolvemos creencias arraigadas como que el dinero es difícil de obtener o que estamos a merced de fuerzas externas. Reemplazar estos filtros por una visión clara de abundancia es clave para experimentar la prosperidad.
Pasos hacia la prosperidad
Dios jamás interrumpe el fluir del bien; somos nosotros quienes debemos abrirnos a recibirlo. Esto comienza con sentirnos merecedores de ese bien en lo más profundo de nuestro ser. Esperar abundancia no es un acto de codicia, sino de fe. En un universo infinito (el campo cuántico), hay suficiente para todos. Considera esta imagen del suministro inagotable: ¿hay suficiente salud para todos? Otra persona no necesita estar enferma para que tú estés bien. Todos podríamos estar sanos al mismo tiempo y aun así no se agotaría la salud.
«La substancia espiritual de la cual proviene toda riqueza visible no se agota nunca. Ella está ahí contigo todo el tiempo y responde a tu fe y tus necesidades. No es afectada por nuestra ignorante conversación de tiempos malos», escribió Charles Fillmore en su libro Prosperidad publicado en 1936
Si no transformamos conscientemente nuestra manera de pensar, caeremos por defecto en la conciencia colectiva: la creencia compartida en la carencia, la escasez y la insuficiencia. En sus cartas, charlas y artículos, Charles y Myrtle Fillmore ofrecieron sugerencias prácticas para trascender esas ideas limitantes y cultivar una conciencia de prosperidad.
Afirma y agradece
Una de las enseñanzas fundamentales de Unity es que nuestros pensamientos tienen poder creativo. Myrtle Fillmore expresó que sanó su cuerpo de enfermedades crónicas al transformar su manera de pensar. Reconocer que los pensamientos que sostenemos se manifiestan en nuestra realidad es una motivación poderosa para cultivar una mentalidad positiva.
Las afirmaciones son una de las herramientas principales para lograrlo. Son declaraciones de verdad espiritual que aplican a todas las personas en todo momento. Por ejemplo: «Vivo en un universo de abundancia». A diferencia de frases como «Seré millonario para el fin semana», que la mente puede rechazar, una afirmación basada en la verdad divina abre la conciencia. Aun si hoy no cuentas con recursos, puedes afirmar lo que sabes que es verdad: el universo es abundante, nuestras necesidades son satisfechas, y como dijo Jesús, es la buena voluntad del Padre darnos el Reino. Afirmar la verdad transforma nuestra mente y nos prepara para recibir.
La gratitud es otra práctica poderosa y comprobada para la prosperidad. Muchas personas esperan tener algo valioso para sentirse agradecidas, pero podemos comenzar aquí y ahora. Da gracias por respirar, por la luz del sol, la lluvia que nutre la tierra, por el alimento y el techo que te resguarda. Comienza por lo más simple. Bendice cada aspecto de tu vida. Incluso si anhelas algo mejor, bendice lo que ya tienes y agradécelo. Luego, agradece de antemano por aquello que esperas recibir.
Atraemos abundancia al sentirnos abundantes. Permite que todo lo que posees, todo lo que ves y experimentas, represente prosperidad para ti. Que cada pertenencia te recuerde que vives en un universo próspero. Que las hojas y las flores reflejen la naturaleza abundante de Dios. Que cada ser humano te recuerde el amor abundante que habita en ti.
Cuida tus palabras
Si deseas conocer tus pensamientos sobre la prosperidad, escucha lo que expresas. ¿Cuántas veces has dicho: «No tengo suficiente», «No puedo pagarlo» o «El dinero no crece en los árboles»? Una vez que comienzas a escucharte, no te sorprenderá que tu vida refleje escasez.
Muchos crecimos con padres bien intencionados que nos enseñaron a moderar nuestras expectativas. Además, estamos constantemente expuestos a mensajes que nos hacen sentir que nunca es suficiente. La creencia en la necesidad, el deseo insatisfecho y la carencia es precisamente lo que debemos erradicar, pues aquello en lo que creemos tienden a manifestarse. En su libro Cómo dejar que Dios te ayude, Myrtle escribió; «Cuando hablas sobre ‘tiempos malos’, estás sembrando semillas de ‘tiempos malos’. Por la ley infalible del crecimiento y la cosecha, ¿qué tipo de frutos recogerás?».
Ella enseñaba a no pronunciar jamás aquello que no deseamos que ver manifestado. Incluso afirmaba que las paredes de nuestro hogar absorben y retienen la energía de la carencia. Una vez más, las afirmaciones son una herramienta eficaz para reeducar nuestro lenguaje y conciencia hacia la prosperidad.
Ora, medita y visualiza
Para orar de manera efectiva, en Unity practicamos la oración afirmativa. No se trata de suplicar a Dios que satisfaga nuestras necesidades, sino de afirmar con fe que todo lo que necesitamos ya existe en el plano espiritual, y que lo estamos trayendo a manifestarse en nuestra experiencia humana. Jesús dijo: «Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá» (Marcos 11:24).
Orar con la convicción de que la abundancia ya está disponible establece una conciencia de expectativa. No es arrogante creer que aquello que visualizas puede llegar a ti; es ley espiritual. Nuestra expectativa debería ser tan natural como pedir la sal en la mesa: simplemente confías en que está en camino.
Para sostener esta mentalidad de prosperidad, visualiza tus deseos con claridad. Mantén una imagen mental de lo que esperas y despierta el poder de tu imaginación. Aún más importante, siente cómo será cuando esa persona, lugar o experiencia se manifieste en tu vida. La meditación es una oportunidad sagrada para enfocar tu energía en estas visiones.
Myrtle escribió: «Borra de tu mente la tendencia a ver carencia, y en su lugar establece el buen hábito de contemplar la abundancia manifestándose. No contemples solo la tierra estéril, sino que, con tu visión espiritual que percibe la abundancia de Dios, contempla la tierra dando su generosa cosecha. Aplica esta idea a todo aspecto de tu vida donde aparezca el temor».
Da con amor y sirve con gozo
A la mayoría de nosotros se nos enseñó que dar es un acto noble, pero la Biblia nos recuerda, una y otra vez, que dar activa el fluir de nuestra prosperidad:
Da, y recibirás (Lucas 6:38).
Cosechas lo que siembras (Gálatas 6:7).
La medida en que des es la medida que recibes (Lucas 6:38).
Dar puede parecer una mala idea si sientes que no tienes suficiente para ti. Y nadie sugiere que pongas en riesgo las necesidades básicas de tu familia. Pero al soltar, aunque sea una pequeña parte, abres tu mano para recibir. No se puede recibir con la mano cerrada. Retenerlo todo no es natural; es como inhalar sin exhalar. Intenta dar, aunque sea un poco, y observa cómo la prosperidad comienza a fluir con mayor libertad.
Otra forma de dar es mediante el servicio. Myrtle enseñaba que el servicio es una parte esencial del camino espiritual. Servir es ofrecer tu tiempo: como voluntario en una causa noble, acompañando a un familiar enfermo, o apoyando en actividades escolares. Busca maneras de servir o descubre oportunidades donde puedas expresar tus talentos únicos.
Algunos recordatorios finales
La prosperidad se manifiesta primero como una idea. Cada persona que ha generado riqueza comenzó con una. Abre tu mente a las ideas divinas, obsérvalas con atención y actúa cuando se presenten las oportunidades. Podrían ser la respuesta a tus oraciones.
Y, finalmente, acepta el cambio. No podemos afirmar y orar por transformación, y luego resistirla. El cambio es el camino hacia una vida más plena. Recibir tu abundancia puede requerir flexibilidad. Quizás no llegue como lo imaginabas, así que mantente receptivo.
Vivir en el fluir de la abundancia expande tu ser. Puedes amar más, dar con libertad, recibir con plenitud, inspirar y sostener a otros, y elevarte ante cualquier desafío. Cuando te fundes con algo más grande que tú, comienza la transformación del mundo.
Para profundizar en las enseñanzas de prosperidad de Unity, te recomendamos el libro Economía espiritual, de Eric Butterworth.
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