Tanto el movimiento feminista como el Nuevo Pensamiento comparten una aspiración esencial: transformar el sufrimiento en el mundo. A lo largo de la historia, muchas mujeres que lucharon por sus derechos no usaron el término feminista. Y es que no existe un único feminismo, sino una diversidad de corrientes, cada una con su propio enfoque y propósito. Cada mujer contempla el mundo desde una perspectiva distinta, influida por su cultura, etnia, país de origen, espiritualidad o religión, condición económica e idioma. 

Sin embargo, más allá de estas diferencias, el corazón del feminismo ha sido siempre el mismo: la transformación. 

Simone de Beauvoir, pensadora, activista y una de las voces más influyentes del siglo XX, afirmaba que las mujeres tienen la misma capacidad de elección que los hombres. Pueden liberarse de las estructuras patriarcales que las han condicionado, asumir la responsabilidad de sus vidas y elegir la libertad en su pensar y actuar. 

Este espíritu de libertad es el feminismo de Myrtle Fillmore. Es el eco que escucho en las cartas que escribió a miles de mujeres a lo largo de los años, luego de fundar junto a su esposo, Charles Fillmore, el movimiento espiritual Unity en 1889. 

Esta teología feminista no busca rechazar lo masculino, sino integrar y elevar los valores y principios femeninos en un mundo tradicionalmente guiado por lo masculino.

Nacida en el momento justo

El movimiento feminista en Estados Unidos comenzaba a tomar forma justo cuando Myrtle nació, en 1845. Creció en el seno de una familia metodista numerosa y conservadora, pero desde pequeña sintió una profunda inclinación por la lectura, incluso de aquellos libros y temas que entonces se consideraban «exclusivos para varones». 

A los 21 años ingresó al Oberlin College en Ohio, la primera universidad de Estados Unidos en admitir tanto a hombres como a mujeres. En 1860, su presidente afirmó: «No es bueno que el hombre» —ni la mujer— «estén solos... ninguno puede elevarse sin el otro, y sus responsabilidades en la obra de la vida, aunque distintas, son igualmente valiosas». 

Uno de los libros más queridos por Myrtle fue Cartas y fines sociales, de Ralph Waldo Emerson. Allí, él escribe: «Las mujeres no solo son sabias por sí mismas, sino que nos hacen sabios. Nadie puede llegar a ser un maestro en el arte de la conversación si no ha aprendido mucho de las mujeres». Esta conciencia acompañó a Myrtle en su vida adulta, primero como educadora, y más tarde como pionera de una teología feminista que hoy reconocemos como parte del Nuevo Pensamiento. 

Esta teología feminista no busca rechazar lo masculino, sino integrar y elevar los valores y principios femeninos en un mundo tradicionalmente guiado por lo masculino. 

Transformar el sufrimiento de nuestro mundo es un hilo fundacional de la teología feminista y del movimiento feminista.

El Nuevo Pensamiento es feminista

Tal vez muchas personas no lo sepan, pero el Nuevo Pensamiento se inscribe plenamente en el ámbito de la «teología feminista». Es un movimiento que se encuentra en varias tradiciones religiosas, como el hinduismo, el neopaganismo, el judaísmo, las religiones basadas en la Tierra, el cristianismo posmoderno y el sijismo, por nombrar algunas. 

La teología feminista se distingue por examinar las prácticas, los textos sagrados y las tradiciones desde una mirada que pone en el centro la experiencia de las mujeres. Esto incluye, entre otras cosas, el reconocimiento del liderazgo femenino en lo espiritual, la resignificación del lenguaje e imágenes de lo Divino —muchas veces marcados por una visión masculina—, y el estudio del papel de las mujeres en la historia y las escrituras de cada tradición. También contempla una revisión profunda del lugar que se le ha asignado a la mujer en la sociedad y la familia, en relación con la maternidad, el trabajo y el cuidado de los demás. 

Si bien el Nuevo Pensamiento no tiene un único origen fundacional, su espíritu encarna profundamente los principios del feminismo, en gran parte gracias a las pensadoras y filósofas que lo moldearon. Muchas de ellas provenían del Trascendentalismo, corriente que ya expresaba una sensibilidad feminista. Desde mediados del siglo XIX, las principales voces del Nuevo Pensamiento han sido mujeres: Emma Curtis Hopkins, Mary Baker Eddy, Nona Brooks, Annie Rix Militz, H. Emilie Cady, Malinda Cramer y Myrtle Fillmore. Incluso en la actualidad, muchas de las congregaciones y centros espirituales de esta corriente están guiados por mujeres, que continúan dando vida a este legado transformador. 

Transformar el sufrimiento de nuestro mundo es un hilo fundacional de la teología feminista y del movimiento feminista.

Valores feministas en las cartas de Myrtle

Vivo a pocos kilómetros de Unity Village, y con el paso de los años he tenido el privilegio de visitar los Archivos y leer muchas de las cartas inéditas de Myrtle Fillmore. Aún me sorprende la voz feminista que resuena en sus palabras. Su teología feminista no busca rechazar lo masculino, sino integrar y elevar los valores y principios femeninos en un mundo tradicionalmente guiado por lo masculino. 

Durante milenios, nuestra cultura, nuestras religiones y formas de espiritualidad han estado marcadas por principios asociados a lo masculino: soberanía, control, protección, esfuerzo, estructura y lógica, entre otros. Aunque estos valores tienen su lugar, ignorar cualidades femeninas como el descanso, la plenitud, la comunión, el cuidado, la conexión, la receptividad y el fluir nos ha desequilibrado profundamente. 

¿Cuál es la «voz feminista» de Myrtle? En algunos de sus escritos resuena una profundidad similar a la de Rumi: están impregnados de misterio, de un deseo de unión con la Divinidad amada, y de un anhelo de pertenencia a todo lo que es, a Dios. Su atención se dirige con ternura a la Madre Tierra y a la infancia, como lo muestra su revista Wee Wisdom®. Escucho los valores femeninos en sus respuestas epistolares, cuando invita con suavidad a centrarse en la sanación, la plenitud, el sentir, la receptividad y la intuición. 

Lo más hermoso es que no excluye lo mejor del principio masculino sano. Myrtle mantiene con claridad la estructura y lógica de la oración afirmativa, afirma la capacidad de cada persona para elegir su camino, valora el pensamiento y el intelecto, y fomenta el autocuidado. Todo esto, sin embargo, lo expresa desde una perspectiva profundamente feminista, invitándonos a trascender nuestro yo individual y ponernos al servicio de un bien mayor. Transformar el sufrimiento del mundo sigue siendo uno de los hilos esenciales tanto del movimiento como de la teología feminista. 

Con amor y compasión

En casi todas las cartas que he leído, Myrtle Fillmore inicia con palabras que buscan nutrir el alma de quien recibe su mensaje. En una carta de 1928, por ejemplo, comienza diciendo: «Qué bendito privilegio el mío de vivir una vida feliz gracias al amor y las bendiciones de muchos amigos como tú». Luego, reconoce con sensibilidad los hechos concretos de la situación, pero no se detiene ahí. Con firmeza amorosa y compasión, guía e inspira al lector a encontrar su propia fuerza interior, a descubrir su voz y asumir su poder de transformación. Como en este fragmento: 

«Con este tratamiento, continúa con las sugerencias dadas en la carta anterior: que tu madre centre su atención en buscar solo lo bueno, y que afirme su libertad ante el dominio de los demás o sus opiniones. Si tu madre no logró inculcar en la mente y el corazón de su hijo la alegría, el privilegio y la satisfacción de asumir su parte del trabajo y la responsabilidad, ciertamente no le está ayudando ahora al preocuparse por él ni al permitir que permanezca dependiendo de ustedes. Lo más sabio que puede hacer es afianzar su fe en Dios, y en el Ser Divino de tu hermano, declarar la verdad por él, y luego dejarlo en manos de su propia alma para que responda. Si él vive en tu casa, conversa con él. Hazle saber que sientes que debe asumir una participación activa y significativa en el mantenimiento del hogar, o que salga a construir su propio camino». 

Nos necesitamos

Aunque no podría afirmar con certeza si Myrtle se consideraba feminista, para mí encarna profundamente la teología feminista al centrarse en principios que afirman la vida y que tanto valoramos en Unity. En la mayoría de las cartas que he leído, quienes se dirigían a Myrtle pedían oración, sanación y transformación ante temas sociales de gran relevancia —alcoholismo, crianza, sexualidad, trabajo, matrimonio, religión, política, pobreza, justicia, cuidado del medioambiente—, y casi todas estas cartas eran de mujeres. 

Parece que los desafíos esenciales de la vida no han cambiado tanto, pero sí ha evolucionado nuestra capacidad para enfrentarlos con mayor conciencia y empoderamiento. La teología feminista encarnada no solo acompaña este proceso, sino que también participa activamente en los movimientos que promueven la equidad y la liberación. Sin embargo, como dijo hace más de un siglo el presidente del Oberlin College, la transformación no es un camino que recorramos en soledad: ninguno de nosotros se eleva, sana o se renueva sin el otro. Creo que esta también es una afirmación de Myrtle Fillmore, la «feminista», y sin duda, una parte luminosa de la herencia que compartimos. 


Acerca del autor

La Rev. Kelly Isola, M.Div., es autora, consultora y maestra en modelos de desarrollo humano y organizacional. Es apasionada en ayudar a las personas a despertar a una mayor experiencia de su propia divinidad a través de la plenitud de nuestra experiencia humana. Para más información visita kellyisola.com.


Rev. Kelly Isola
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