Oración por un mundo pacífico
El mes pasado compartí que me había inscrito en un gimnasio para fortalecer mi cuerpo y sentirme mejor físicamente. Me alegra decir que he estado asistiendo con regularidad y ya empiezo a notar los beneficios: más tono muscular, mayor resistencia y una energía renovada. Para mi sorpresa y alegría, incluso espero con entusiasmo cada sesión de ejercicio.
Lo que no compartí entonces fue que también había otro aspecto de mi vida que anhelaba fortalecer. En los últimos tiempos me he sentido preocupada y ansiosa. Cada vez más, las noticias me parecen inquietantes, incluso desalentadoras, y he pasado demasiado tiempo mirando titulares pesimistas en mi celular. Sin darme cuenta, he permitido que eso afecte mi bienestar. Como muchas personas, he sentido la necesidad de cultivar más paz y una conexión espiritual más profunda, porque tampoco soy inmune a lo que sucede en el mundo que me rodea.
Hace poco tuve uno de esos momentos de claridad interior —un verdadero «¡ajá!» espiritual— al recordar un pasaje de uno de mis libros favoritos de Unity, Lecciones acerca de la Verdad, de H. Emilie Cady. Allí escribió: «[Jesús], quien es nuestro modelo más elevado de vida perfecta, se apartaba diariamente del mundo solo para que él pudiera regresar de nuevo con renovado poder espiritual. Así que nos apartamos en la quietud de la divina presencia para poder salir al mundo de la vida diaria con inspiración nueva y más valor y poder para actuar y superar cualquier desafío».
En ese instante supe lo que necesitaba hacer. Así como comprendí hace años que el ejercicio regular era beneficioso, también recordé que no podía recibir sus frutos solo con entenderlo: tenía que practicarlo.
Lo digo con sinceridad: me he vuelto un poco descuidada con mi práctica espiritual. Hay tantas cosas que reclaman mi atención y mi energía que la oración y la meditación han quedado relegadas. No les he dado prioridad, y estoy sintiendo el costo: he sacrificado parte de mi paz.
Entender y practicar
Quizá te haya pasado algo parecido. Deseas tener más tiempo. Sabes que meditar con regularidad te ayudaría a sentir calma, claridad y una conexión más luminosa con lo divino, preparándote mejor para desenvolverte en el mundo. Y, aun así, a veces aparece una leve culpa por no haber dedicado más atención a tu propia luz interior.
Entonces recordé lo que en Unity llamamos el Quinto Principio: no basta con comprender las enseñanzas espirituales; debemos vivirlas. Lo aprendido cobra vida cuando lo incorporamos a nuestros pensamientos, palabras y acciones.
Aprendí esa verdad al comenzar a ir al gimnasio con regularidad, y mis músculos adoloridos fueron una clara confirmación. No sentí un beneficio inmediato después de unas cuantas visitas; pero ahora, tras varias semanas de constancia, percibo una diferencia real en mi cuerpo. De la misma manera, confío en experimentar algo similar al renovar mi compromiso con una práctica diaria de oración y meditación. Deseo sentirme más serena, más conectada y menos afectada por las condiciones del mundo.
Esta verdad se aplica a todos nosotros. Lo irónico es que, cuanto menos nos afecta el mundo, mejor podemos desenvolvernos en él. A eso se refería Cady con el poder espiritual renovado. Ese poder es la fuente de los atributos divinos que nos ayudan a crear condiciones de paz. Desde esa conciencia, la compasión, la bondad y la dignidad crecen en nosotros y guían nuestras palabras y acciones.
Cuando nos comprometemos con la oración y la meditación constantes, aprendemos a dirigir nuestra atención y a orientar nuestros pensamientos de manera consciente. Ya no oramos solo por la paz; comenzamos a vivir desde la paz. Entonces, aquello que hemos estado buscando fluye naturalmente a través de nosotros, y poco a poco la armonía que cultivamos en nuestro interior se refleja en el mundo pacífico que ayudamos a crear a nuestro alrededor.
Esta es una carta de la editora de Daily Word (La Palabra Diaria). Para suscribirte, visita https://compra.unityonline.org/subscribe.
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