Cada noviembre, me gusta reflexionar sobre el papel transformador de la gratitud en nuestra vida espiritual. Creo firmemente en su poder para cambiar incluso las circunstancias más difíciles, para sanar y prosperar. Practicar la gratitud diariamente es clave para una vida abundante. Por eso me sorprendí cuando este año me resultó complicado escribir sobre ella.

Hace varias semanas, compartí cómo mi esposo y yo sufrimos una gran inundación por una tubería rota durante el verano. La restauración y reparación de nuestra casa se ha extendido por cuatro largos meses. Aunque este proceso está por terminar, ha sido frustrante, incómodo y estresante.

He recibido apoyo cariñoso de amigos, el profesionalismo de quienes han trabajado en nuestro hogar y la certeza de que pronto volveremos a una casa con nuevos suelos. Hay mucho que agradecer y, sin embargo...

Me he sentido malhumorada. Irritable. Desganada. Y me he reprochado no ser más optimista. Intenté enfocarme más en la gratitud, recordándome lo afortunada que soy, que los inconvenientes casi han terminado, y que muchas cosas en mi vida están bien.

Pero esos sentimientos sombríos persistían. Entonces me di cuenta de que, en mi afán por ser agradecida, estaba negando la totalidad de mis emociones y me juzgaba por no estar tan alegre como pensaba que debía estar.

Ser agradecido en todo

Es posible que la mayoría de nosotros hayamos pasado por momentos difíciles o experiencias estresantes prolongadas. Muchos hemos utilizado herramientas espirituales —afirmaciones, oraciones y la gratitud— para superarlos. Sin embargo, me pregunto cuántos, como yo, se exigen tanto a sí mismos ser positivos que no permiten espacio para las emociones difíciles que también forman parte de esas experiencias.

Recientemente, volví a leer 1 Tesalonicenses 5:16-18, que dice: «Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en todo, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús».

Me encanta este versículo, pero me di cuenta de que lo estaba utilizando para imponerme un estándar imposible.

A veces, necesitamos darnos permiso para sentir lo que sea que estemos atravesando. Un mal día, ansiedad o un poco de autocompasión pueden darnos el espacio necesario para procesar y liberar lo que nos preocupa, para luego regresar con más gratitud a nuestras bendiciones.

Me ayudé reformulando las palabras del apóstol Pablo: Alégrate tanto como tu corazón te lo permita. Si sientes que estás luchando, busca apoyo en la oración y da gracias honrando la totalidad de tus sentimientos.

Esta nueva perspectiva puede traer una infusión de gracia en esta temporada de gratitud. Cuando damos las gracias con un corazón lleno de autocompasión, nos permitimos crecer en gratitud por todas las bendiciones, grandes y pequeñas, a lo largo de la vida.


Acerca del autor

La Rev. Teresa Burton es la editora de Daily Word®. Es una oradora dinámica y escritora inspiradora, ella hace que las enseñanzas de Unity sean fáciles de entender y divertidas de aprender. Antes de responder al llamado al ministerio, trabajó como editora durante más de 25 años en varios puestos en publicaciones impresas y digitales.


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