Todas las tradiciones espirituales hablan de la felicidad y señalan caminos para alcanzarla. Las grandes enseñanzas del mundo coinciden en que el propósito de nuestra existencia es vivir una vida plena, con sentido y en paz, y cada una ofrece una guía clara para cultivar ese estado de bienestar interior. 

La verdadera felicidad brota cuando compartimos nuestros dones y valoramos profundamente lo que ya tenemos. 

Los grandes maestros espirituales nos recuerdan lo que intuitivamente sabemos: la felicidad no nace de acumular riqueza ni posesiones materiales. Surge, más bien, de una entrega generosa de lo que somos y de una gratitud consciente por lo que ya es. 

Sin embargo, hay en nosotros una tendencia persistente de desear más. Por mucho que tengamos, a menudo sentimos que no es suficiente. Esta inquietud interna parece formar parte de nuestra programación humana, impulsándonos a mejorar, a evolucionar, a avanzar. No se trata de algo negativo; de hecho, ha sido una poderosa fuerza creativa a lo largo de nuestra historia. 

Podemos observar con asombro cuánto ha progresado la humanidad desde sus orígenes más primitivos. Hoy, muchas de nuestras circunstancias han mejorado inmensamente. Y, sin embargo, este crecimiento ha venido acompañado de un costo: una desconexión creciente de nuestra paz interior y de la genuina satisfacción del alma.  

Contribuyentes frente a consumidores 

Tal vez hemos llegado a una etapa de nuestra evolución en la que podemos seguir avanzando y, al mismo tiempo, ser verdaderamente felices. Esto se alcanza cuando pasamos de ser consumidores pasivos a participantes activos en la creación de una vida con sentido. Podemos notar la diferencia al observar nuestros motivos. Si actuamos desde el anhelo o el deseo de llenar un vacío, intentamos obtener algo para sentirnos mejor, pero ese camino no nos llevará a la paz interior que anhelamos. 

Las enseñanzas espirituales son claras respecto a la búsqueda de lo material por sí sola. Jesús advierte que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios. Mahoma enseña: «El más rico entre ustedes es quien no se deja atrapar por la avaricia. ... El avaro es el más pobre de todos». Y el budismo nos recuerda: «El apego a los placeres sensuales engañan a las personas, como a la polilla la llama de una lámpara». 

Tener riquezas materiales no es, en sí mismo, algo negativo. El problema surge cuando las anhelamos y las perseguimos a expensas de lo que realmente importa. Al colocar el dinero, las posesiones, la seguridad, el prestigio o el poder por encima de todo, perdemos de vista lo esencial. Nuestra atención se desvía y dejamos de percibir aquello que verdaderamente nutre el alma. 

Encontrar el equilibrio 

Es posible disfrutar de la prosperidad y, al mismo tiempo, vivir con plenitud. Hay numerosos ejemplos de personas que han generado gran riqueza y la han puesto al servicio de un bien mayor. Bill Gates es un ejemplo de ello. Fundó una empresa impulsado por su pasión y logró un éxito notable. Más tarde, creó una fundación a través de la cual comparte su prosperidad de manera que transforma vidas alrededor del mundo. Su historia refleja el equilibrio de quien disfruta de sus logros materiales y, al mismo tiempo, lo convierte en un canal de bien para los demás. 

La mayoría de nosotros no contamos con los recursos de una figura como Gates. Sin embargo, cada persona tiene el poder de crear una vida plena y significativa con lo que posee. Cada ser alberga un don único que, al ser compartido, puede transformar el mundo inmediato que le rodea. Al reconocer que tenemos algo valioso que ofrecer, y al darlo con generosidad —ya sea talento, tiempo o recursos— nuestro enfoque cambia: dejamos de centrarnos en obtener, y comenzamos a vivir desde la conciencia de dar. 

Este cambio transforma nuestra manera de vivir. Nuestras acciones y decisiones se alinean con un propósito superior, en lugar de estar guiadas por deseos pasajeros. 

Vivir con un propósito da sentido a nuestros logros, a nuestros bienes y nuestras elecciones. Aprendemos a valorar más lo que tenemos, a ver el mundo con mayor compasión, y a vivir una vida más serena, más alegre, más plena.


About the Author

La Rev. Felicia Blanco Searcy, ordenada en 2008, fue la ministra fundadora de Unity Church of Life en Murfreesboro, Tennessee. Actualmente se desempeña como oradora profesional, facilitadora, autora, ministra y consultora certificada en Maestría de Vida. Es autora del libro Do Greater Things: Following in Jesus' Footsteps, una obra que explora las enseñanzas espirituales de Jesús. Para más información, visita www.feliciasearcy.com.


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