Avanzar con amor
Decir sí al amor y a la vida
Por naturaleza, me gusta planificar. Encuentro cierta tranquilidad en los horarios y las agendas bien organizadas. Tengo claras mis preferencias y, muchas veces, imagino con detalle cómo quiero que se desarrolle mi vida. Sin embargo, con el paso del tiempo he ido aprendiendo algo distinto: cuando dejo espacio para lo espontáneo, confío en la vida tal como se despliega y me permito decir sí, se abren caminos inesperados y profundamente hermosos.
Ese aprendizaje ha cobrado un significado especial en las últimas semanas, mientras se acercaba una fecha que despierta en mí tanto amor como tristeza. Fue por estos días, el año pasado, cuando mi esposo y yo nos despedimos de nuestro querido gato atigrado, Buddy, a causa del cáncer. Unos meses después, también perdimos a nuestro gato siamés, Tiptin, ya mayor. En cartas anteriores compartí algunas reflexiones sobre la importancia de cultivar la gratitud y la aceptación, especialmente en medio del duelo, la tensión y el cambio. Aun así, fue un año profundamente difícil.
Mi esposo y yo decidimos que, al menos por un tiempo indefinido, no tendríamos más mascotas. No nos sentíamos listos para abrir nuevamente nuestro hogar a otro animal; sabíamos que necesitábamos un espacio para procesar la pérdida. Incluso hablamos de que, cuando llegara el momento adecuado, adoptaríamos una pareja de gatos que ya estuviera vinculada entre sí.
Sin embargo, apenas un mes después de la partida de Tiptin, un pequeño gato negro comenzó a aparecer por nuestra casa y a acomodarse en el balcón. Al principio se mostraba desconfiado, pero poco a poco empezó a relajarse con nuestra presencia. Muy pronto, sus visitas se volvieron habituales y cada vez permanecía más tiempo con nosotros.
Más tarde supe, por algunos vecinos, que también solía visitarlos en busca de caricias o algo de comida, pero nadie sabía de dónde venía ni llevaba collar de identificación.
Una noche le abrimos la puerta y entró sin dudarlo. A la mañana siguiente lo dejamos salir, pero no se fue del balcón. De algún modo, había decidido que nosotros éramos las personas indicadas para él. No era lo que habíamos planeado ni lo que creíamos querer y, aun así, me alegra profundamente que le hayamos dicho sí a esa dulce criatura.
Decir sí al amor y a la vida
Esta experiencia me llevó a recordar otros momentos en los que me resistí a lo nuevo por permanecer aferrada a lo conocido. Hubo ocasiones en que tenía tan clara la imagen de cómo debía manifestarse aquello que deseaba, que casi no supe reconocer una bendición cuando llegó de una forma distinta o desde un lugar inesperado. También hubo momentos en que, por miedo o incertidumbre, simplemente no me sentía lista para dar el siguiente paso.
Con el tiempo, he comprendido que no soy la única a quien le ocurre esto. Después de todo, la imaginación es un poderoso don espiritual: la facultad que nos permite dar forma a nuestras ideas. Sin embargo, puede volverse limitante cuando no dejamos espacio al orden divino, al tiempo perfecto y a la gracia.
Nuestros propios pensamientos también pueden jugar en nuestra contra, manteniéndonos atados a formas condicionadas de vivir. Para experimentar una mayor libertad interior, es esencial aprender a escuchar el mensaje del corazón. A menudo resulta tentador seguir solo la voz de la mente, optar por lo razonable y aferrarse a lo seguro. Sin embargo, la sabiduría del corazón señala otro camino: uno que, muchas veces, invita a lo inesperado, a lo desafiante, a lo sorprendente. Y, aun así, cuando sientes que el corazón se abre —cuando percibes ese impulso suave y profundo que te anima a intentar algo nuevo o a adentrarte en territorios desconocidos—, es posible que sea tu guía divina invitándote a expandirte, a descubrir algo más amplio.
Si estás a punto de decir no a algo inesperado, o de dejar pasar una oportunidad porque no se parece a lo que habías imaginado o porque aún no te sientes del todo preparado, te invito a hacer una pausa. Pregúntate qué podría suceder si, en lugar de cerrarte, dijeras sí. Permítete confiar en que recibirás el apoyo necesario en el momento preciso y en que tus próximos pasos se revelarán con claridad, aun cuando todavía no logres ver el panorama completo.
La próxima vez que algo inesperado se presente en tu vida —ya sea de forma literal o simbólica—, di sí. Di sí al amor y siente cómo tu corazón se expande. Di sí a la vida y contempla cómo tu mundo se abre ante ti. Di sí y vive desde la profundidad y la fortaleza de tu divinidad: la sabiduría, el amor y la gracia de Dios que habitan en tu interior.
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