Aquiétate… y reconoce
Aquiétate… y reconoce
El Día Mundial de Oración se acerca, y mi corazón aguarda con profunda gratitud este momento sagrado.
Soy una persona que piensa mucho; de hecho, pienso demasiado. Cuando enfrento un problema o me hallo ante un dilema, mi mente se activa sin cesar, buscando soluciones y salidas. Incluso al orar, a menudo concentro mi atención en lo que necesito o deseo.
Por supuesto, no hay nada malo en ello. Unity nos enseña que tenemos la capacidad de transformar nuestra vida al transformar nuestra manera de pensar, y nos inspira a poner en práctica nuestros dones espirituales para generar cambios positivos. Sin embargo, como llegamos a comprender en algún momento, hay un tiempo para la acción y un tiempo para la receptividad, para la quietud.
Esa quietud, para mí, ya era largamente esperada. He reconocido que lo que más necesito es descansar profundamente y soltar el peso de este año colmado de experiencias intensas. En estas cartas he compartido algunas de ellas: cómo afrontamos las secuelas de una inundación y cómo la oración me sostuvo en medio del desorden, recordándome que toda circunstancia es pasajera; la partida de nuestro amado gato Buddy, que falleció de cáncer a comienzos de este año, y cómo la oración fue mi refugio y me guio en las decisiones más amorosas para acompañarlo en su tránsito final; y, más recientemente, las frustrantes gestiones con consultorios médicos y compañías de seguros mientras buscaba la aprobación de una cirugía programada.
A lo largo de cada experiencia, recurrí a la oración para mantener en perspectiva lo que resultaba desafiante o doloroso. La oración me reveló que Dios permanece presente, aun cuando lo Divino parece distante. La oración me ayudó a sostener —y a veces a recuperar— la fortaleza interior y la claridad cuando me sentía a merced de circunstancias abrumadoras.
Hoy, nuevamente, me dispongo a acudir a la oración, esta vez en busca de paz, descanso y serenidad. Por eso agradezco profundamente el tema del Día de Oración Mundial de este año: «Aquiétate… y reconoce». Estas palabras son un bálsamo, un consuelo que basta para aquietar mis pensamientos y apaciguar mi corazón.
Día de Oración Mundial
Ante las noticias que inundan nuestro mundo, estoy segura de que no soy la única que anhela volver a la calma interior y experimentar la inmensidad de la paz divina. Esa paz habita siempre en nosotros; solo necesitamos apartar los velos que nos impiden percibirla.
Hay un tiempo para la acción y el movimiento. Hay un tiempo para soñar en grande y esforzarnos para que las cosas sucedan. Pero también hay un tiempo para la calma y la contemplación, un tiempo para aquietarnos y reconocer.
Te invito a unirte a mí y regístrate en los eventos en línea que se celebrarán los días 10 y 11 de septiembre. Oro para que, al dedicarte a la bendita quietud, experimentes un renovado espíritu y recuerdes la Verdad de Dios que te envuelve y la paz de Dios que habita en tu interior.
Esta es una carta de la editora de La Palabra Diaria. Para suscribirte, visita https://compra.unityonline.org/subscribe.
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